¡Piratas!

Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra (2003), consiguió hace tres años resucitar el cine de aventuras para toda la familia. La Disney hizo una de esas películas a las que nos tenía acostumbrados antes. Un cine para toda la familia, con historias fantásticas, personajes carismáticos y un buen puñado de efectos bien utilizados. En esta segunda parte, Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto, repiten reparto y director (Gore Verbinski)… y casi podríamos decir que hasta el guión es el mismo.

Ojo, no estoy diciendo que la película no sea entretenida. Para nada. Yo me lo pasé muy bien en la butaca y reconozco que me reí bastante. No me aburrí en ningún momento. Eso sí, cuando la película acabó no salí tan satisfecho como con la primera parte. Hay varios motivos para esto. El primero es que la película no queda más o menos cerrada y habrá que esperar a la tercera parte, rodada al mismo tiempo que la segunda, para saber el final. El segundo es que las aventuras de estos piratas algo disparatados ya no sorprende como lo hizo La maldición de la Perla Negra. Y el tercero, como comentaba antes, es que el guión no deja de ser sospechosamente parecido.

De nuevo nos encontramos con el triángulo formado por el capitán Jack Sparrow (Johnny Depp), el joven Will Turner (Orlando Bloom) y Elizabeth Swann (Keira Knightley) enfrentándose a una nueva amenaza. Aquí lo de triángulo es importante porque, aunque el capitán Jack Sparrow es más amanerado que nunca, su relación con la refinada Elizabeth es uno de los puntos centrales de la película. El nuevo enemigo es el pirata Davy Jones (Bill Nighy), capitán del Holandés Errante, un barco fantasma que hunde otros navíos para quedarse las almas de la tripulación y condenarlas a una vida eterna de esclavitud. Al igual que en la primera parte, el grueso de los efectos especiales se ha dedicado a representar a los piratas malvados. Si los que servían en la Perla Negra a las órdenes de Barbossa (Geoffrey Rush) eran muertos vivientes, los subordinados de Davy Jones se van convirtiendo de forma progresiva en criaturas marinas. Hay que destacar la caracterización tanto de Jones como de sus hombres, ya que es de lo mejorcito de esta secuela, en la que de nuevo nos encontramos con luchas de espadas, terribles maldiciones, peleas en tabernas y piratas borrachos. Está claro que en una película de piratas es normal encontrar todo eso, pero el resultado acaba siendo demasiado similar a lo que ya vimos hace tres años. Se echan en falta algunas ideas nuevas que vayan más allá de un cambio de enemigos y de tesoro.

Si la primera entrega sirvió para el lucimiento personal de Johnny Depp, que encontraba un personaje que le va como anillo al dedo y por el que probablemente será recordado siempre, la secuela le da aún más protagonismo al capitán Sparrow, que parece eclipsar los papeles de Orlando Bloom y Keira Knightley. El resto del reparto está escogido más por su físico que por sus dotes interpretativas y repiten la mayoría de los piratas chalados de la primera parte, incluyendo alguna sorpresa.

La música, a cargo esta vez de Hans Zimmer, recuerda mucho a la de la primera parte y cumple con creces, dándole un toque muy aventurero a todas las escenas. Visualmente la película no tiene ninguna pega. Escenarios tropicales, barcos piratas, Port Royale… todo está representado de una forma magnífica y cuidando todos los detalles.

En resumidas cuentas, una buena película de aventuras que tiene el problema y la bendición de ser demasiado parecida a La maldición de la Perla Negra. Los que disfrutaron con la primera, seguramente disfrutarán con ésta, pero que no esperen excesivas novedades.

16
ago 2006
SECCIÓN Cine y TV
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