Día, semana, mes y año

 

Era el minuto 91 y el Barcelona reducía diferencias con el Celtic, en una acción que bien puede resumir lo acontecido en el partido de Champions en Celtic Park. Estando dos goles abajo, los blaugrana llegaron hasta casi el área pequeña rival con una serie de combinaciones al primer toque, en  una progresión cadenciosa por el centro del área.

Esas son las formas más naturales de expresión de sus jugadores, pero, ¿era una acción así lo que pedía el momento del partido? Forster rechazó el primer remate de Pedro, pero Messi anotó tras aprovechar la opción que le brindó el guardameta. Quedaban solo dos minutos que no variaron el resultado y tampoco el cariz de las iniciativas del Barça con el balón.

No es que nadie no estuviera avisado. El Celtic fue diáfano en su planteamiento: cedió todo el campo al Barcelona y se atrincheró como hiciera en el Camp Nou. Pero tampoco es el primer equipo que realiza esa evidente concesión en lo supuesto, como tampoco es el primero que sabe que así se puede sacar tajada contra uno de los mejores equipos de la historia.

Ocurre que es el tiempo el mayor rival de este tipo de equipos atemporales. El tiempo que se aprovecha y el que se deja de aprovechar. Aunque esto pueda sonar a reproche, no lo es.

El Barcelona tuvo la pelota, realizó alguna combinación de cierto mérito y la movió lado a lado. Pero estuvo realmente anodino en cuanto a intención, en ese atrevimiento que caracteriza a los jugadores ofensivos. Digamos que sus acciones destacadas llegaron en los tiempos muertos en los que los escoceses pudieron coger aire para acometer de nuevo con su entusiasmo, aunque fuera con un plan de apariencia primitiva.

Si el repliegue del Celtic surtía efecto y conseguían mandar en largo tras una recuperación, en circunstancias así se acababa con un mano a mano entre atacante escocés y defensa culé. Lo prolijo superado por lo primigenio, o por lo menos creándole serias dudas.

Conocemos a fondo las características de los centrocampistas y atacantes barcelonistas. Sabemos de sus enormes virtudes y de sus escasas carencias, pero hacer dudar al rival, en circunstancias así, es clave.

El jugador medio de este Barça se siente cómodo con el balón y dándoselo al compañero en una situación que también sea placentera para este. Cuando llega el momento de verticalizar, esa media varía. Ya son menos los jugadores que tienen ese poder detonante y preciso.

El Barcelona puso pocas veces en jaque a la defensa rival. Jugó a un ritmo que convenía a su falta de ánimo necesario, pero no a lo que pedía el partido. En general, en las diferentes opciones que maneja un equipo para resolver una situación de ataque, el equipo de Vilanova fue pobre: no insistió en el regate cerca de la frontal; en pocas ocasiones aceleró en los desdoblamientos por banda; y en los escasos tiros de media distancia el balance fue irrisorio. Los jugadores se dejaron llevar por una inercia que se explica mirando la fecha de su calendario de vida como equipo: día, semana, mes y año.

Ansias

El Borussia Dortmund vivió en el goce y en la odisea, en Madrid. Se supo a la altura y sintió en sus carnes la posibilidad de perderlo todo. Pero sintió el partido a flor de piel y se fue sabiendo que hay un camino por delante, y con la curiosidad de recorrerlo.

Con esas ansias de ir arrancando papel a papel en su calendario también viven otros equipos y algunos jugadores jóvenes de esta Champions. El talento de los mejores marcará diferencias, pero no menos lo seguirán haciendo las ansias por lograr algo. En una combinación de ambas andará el juego. No hay reproche. Es solo la ley del tiempo, representada en una gráfica que también ondula la línea del ánimo.

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