A las puertas del gran combate

Abrumados por peleas que ni interesan, ni llevan a ningún lado, el Madrid ha dado una vuelta más a la rosca de su eterna insatisfacción, un tiempo después, con algunos nuevos personajes y, ahora sí, llamando a la puerta de no retorno.

El problema de este Madrid es el Barcelona. Los problemas del fútbol son otros. Capitalizamos los valores que mueven la nave de un Florentino Pérez cada vez más gobernante en una opereta, y no nos sale nada menos transparente y valioso que un cuadro hecho a brochazos negros. O quién sabe.

La persecución del maligno

Partamos del otro bando. En el rápido recorrido que hacemos sobre la búsqueda del enemigo por parte de los medios, me salen unos cuantos momentos intensos. Hubo Pablo Porta, Javier Clemente -que se atribuye el mérito de ser un digno precedente de Mourinho-, Van Gaal, etc… Hay muchos otros, claro, pero estos son los clásicos. Incluso ellos mismos se han autoproclamado.

Siempre han sido tipos grises, agrios… Era tan fácil pegarles un brochazo, de esos negros… Ellos, los malos, estaban sentenciados antes de tiempo. Igual podían hacer un trabajo digno, pero en el papel su destino estaba escrito. Y tras la gran persecución del último maligno, Van Gaal, el fútbol, nuestro fútbol, navegó un tiempo entre la calma. Sin olvidar que en una de estas últimas tempestades viajaba,  de secundario, Mourinho.

El enemigo, ¿una invención?

Casi una década después, el Barcelona domina  de forma brillante dentro y fuera del campo. Sus jugadores y técnico son dignos de admiración, no sólo por lo que les toca, sino por lo que les toca también. Sencillez, humildad, ilusión, compromiso, ¿hace falta que digamos cuál es su papel?

Y unos éxitos de los que se ha beneficiado en buena parte la selección, que iguala esos valores y les suma el colmo de la humildad. Hace unos meses estábamos viviendo un momento tal que no sabíamos si realmente nos gustaba tener al enemigo cerca. Tanto que casi ya no nos preguntábamos si el maligno era invención nuestra.

Mourinho en ventaja

Y así, de repente, volvió Mourinho. Tan sorpresivo que el que más le hubiera atizado antaño fue el primero que le entrevistó. Y eso que ya había cosas que no cuadraban.

Entre que venía de ganar tantas cosas, y había otros focos abiertos (Mundial), no se le dio importancia a esa agua que destiñe. Porque Mourinho y Valdano no mezclan, si atenemos a lo que han dicho a lo largo de su vida. Y los hechos a veces están más escondidos de lo que parece, pero lo que es seguro es que el argentino siempre apareció del lado de los buenos, o por lo menos de aquellos que querían desenmascarar al maligno, portador del mal juego y las malas artes.

El foco en cuestión ha viajado en los últimos meses con dos credenciales evidentes: el ganador y el originador de conflictos. El primer calificativo es tan empírico como sinónimo de sentencia para los antiguos cazadores del mal. El segundo, por muy atiborrados a cloroformo que estén, es pieza mayor.

Cargados de alucinógenos, o no, el técnico portugués les ha cogido en emboscada. Cada día que asoma con una nueva versión agria, todos se sorprenden, se miran y luego se dicen que deberían escandalizarse. Antiguamente le hubieran …

En una guerra en la que no se sabe qué o quién fue primero, Mourinho ha tomado ventaja. Armado con la inteligencia que los de enfrente le han otorgado, y con la experiencia cercana y real de lo que le sucedió a Van Gaal en su etapa en el Barça, no se descarta una nueva reafirmación del portugués.

Por si los medios no son lo que fueran, se podría temer por un cambio de orden. Pero si no es así, y desde algún microfono se vuelve a alzar la bandera de la concordia y las buenas formas con toda su fuerza, estaríamos en los preludios de una gran contienda. Los problemas del fútbol son otros.

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