A tres velocidades

LotinaFaltan dos semanas para el comienzo de un nuevo campeonato de Liga y las plantillas de los equipos no pararán de perfilarse hasta el cierre del mercado. Hablaremos de piezas, o de tipos de piezas. Porque algunos, desde hace tiempo, ya saben a dónde pueden y a dónde no pueden llegar.

La Primera División viaja golpeada desde hace años por la realidad de lo que vende y lo que no. Hace ya tiempo, cuando no se conocía el verdadero valor del fútbol en los medios, los clubes pensaron que aprovechaban el momento de especulación y en realidad se estaban hundiendo. Se podía conseguir dinero sin demasiadas preguntas. Ahora, muchos de ellos se las hacen y no saben como encontrar las respuestas. Lo triste es que siempre estuvieron en el propio fútbol.

Los dos grandes motores, Madrid y Barcelona, pueden seguir arrinconando sus deudas a base del enorme cartel comercial que poseen. De todos modos, no sería arriesgado prever una situación traumática ante una larga época de sequía de resultados. Y aunque es difícil que esto ocurra, las obligaciones que acumulan, muchas de ellas de operaciones que parten de la ilógica, no son la mejor superficie sobre la que asentarse.

Dejando atrás las dos grandes excepciones, el salto es descomunal. Hay un segundo grupo de equipos que viven engañándose u observando la realidad directamente a los ojos, y aún así poseen más capacidad adquisitiva que los que están en el tercer y último escalón.

El Valencia se encontró con una situación crítica y vive permanentemente en la búsqueda de soluciones. Algunas son una incógnita, como las incorporaciones de jugadores realizadas muy a la baja, en comparación con las piezas que acaba de vender para minimizar una escandalosa deuda. El Sevilla, en cambio, le lleva mucha ventaja en este sentido y se ha convertido en el paradigma de club español importante que se reinventa y consigue alcanzar su época de mayores logros. Todo, viviendo en el realismo bien aceptado y gracias a los dividendos que, sobre todo, ha aportado la cantera.

Atlético de Madrid, Villarreal, Athletic de Bilbao y Getafe completarían la segunda velocidad a la que viaja nuestro fútbol de elite. Su poder adquisitivo es variable, pero también difieren entre ellos la estrategia, la masa social y raigambre. La suma de los diferentes condicionantes hace que nos encontremos con equipos de similares prestaciones antes del desarrollo de la competición.

Hasta aquí llega lo que a priori se podría denominar una competición fuerte. Porque todos los demás viajan, más o menos, en un vagón de supervivientes. Cada uno con sus matices, pero sobra decir que a años luz de las pretensiones y la capacidad de hacerlas factibles de los que viajan en primera clase.

Y si el Sevilla es el paradigma de los que viajan en el vagón de en medio, el Deportivo, que llegó a alternar con los privilegiados, vive cada día con la dura realidad del grueso del fútbol español. De momento, sobrevive.

El último gran Deportivo duró lo que le aguantaron las rodillas a Valerón. Con el final de la temporada 2003/2004 se desvanecieron los sueños por lograr la Champions, y el recorrido del segundo gran equipo coruñés de la historia. Los años hicieron mella en sus mejores jugadores y la realidad económica golpeo con dureza a un equipo que emergió en los noventa como una grata alternativa a los grandes.

La gente no se imagina los pocos recursos económicos que maneja un club que hasta no hace mucho luchaba por el título. Es tan difícil su situación que todo en lo que no creyó antaño se ha convertido en su única esperanza para intentar sólo soñar volviéndose a ver en las mismas plazas europeas.

La cantera nunca fue su punto de apoyo, ahora es uno de sus pilares; los jóvenes nunca gozaron ni de confianza ni de continuidad, ahora son la esperanza. Las últimas incorporaciones del equipo dicen todo de lo que es hoy el Deportivo, y lo que pretende.

El internacional sub-21, Míchel, procedente del Valencia, es un descarte de Emery pero a su vez un jugador de corte técnico, al que no han tenido ni el tiempo ni la paciencia para sacarle rendimiento en su tierra. Lotina, que vive también de cara a la realidad de su club, tiene estudiada toda una gama de futbolistas a los que en sus lugares de origen no tienen tiempo de pulir a la espera de su eclosión.

Otra de las incorporaciones es Saúl. Un interior diestro adaptado al extremo que fue internacional sub-19, pero que en su día vivió la misma situación de Míchel. Tras no contar con él en Gijón, viajó a otros clubes en los que se ha ido puliendo hasta que le ha llegado la oportunidad de jugar en Primera. Otro jugador interesante muy lejos de los flashes de las jóvenes incorporaciones de los equipos grandes.

Pero el mayor ejemplo de la situación en A Coruña es la llegada del delantero Dionisio Villalba Rojano (21/12/1989), procedente del Caravaca. En principio incorporado para el filial, pero que ha realizado buena parte de la pretemporada con el primer equipo, y que ya ha demostrado sus cualidades a Lotina. Atacante potente y con buen olfato goleador, y con hambre de hacerse un nombre en esto, pero que viene de las gargantas de nuestro fútbol, la Segunda B.

El Deportivo trata, hoy en la sombra, de encontrar un diamante que otros hayan confundido con una piedra. Son jugadores que no llenarán portadas de los grandes diarios por su llegada al club, pero el futuro de este juego no tiene dueño. Y si en algo se puede consolar Lendoiro es que la época de vacas flacas le ha llegado en un momento en el que el nivel medio del futbolista español es el más alto de Europa. Y dentro de esa masa ingente, algo hay, seguro.

En diez años las cosas han cambiado mucho en nuestro fútbol, pero algunos conceptos no. Valerón era un descarte del Atlético de Madrid que el Deportivo supo valorar. Por ahí se empieza.

18
ago 2010
SECCIÓN Deportes
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