Aarhus en Viborg

Si los últimos veinte minutos sobraban, eso, ahora, no lo sabe nadie mejor que cualquier miembro de la expedición checa a la Euro Sub-21. Más de dos años de victorias y sólo un empate se acaban para la República Checa, de forma oficial, en la tarde de Viborg con un rondo postrero, inofensivo, suave, pero que es la resaca de una victoria de chicos que se alejan de la estela de promesas.

Fue la tarde de la conexión asturiana (Mata-Adrián), la de querer demostrar que este era un equipo que podía aspirar a todo en el torneo. Hasta hoy, las dudas se apoderaban de una selección que, sin tener la repercusión de la absoluta, parecía adolecer de las mismas carencias que el equipo de Luis Aragonés a pocos días de jugarse en Dinamarca (caprichos del destino, pero eso fue en Aarhus) la clasificación para la Euro de Austria y Suiza.

Un grupo de jugadores con manejo, facilidad para el toque, con movilidad, pero frágiles, sin pegada y escasos de llegada. Las dudas estaban justificadas. Para los seguidores de las selecciones inferiores empezaba asomar el fantasma que te despierta del dulce sueño anunciándote que no eres tan bueno como te crees. Y aún saboreando la victoria, es verdad, seguro que Thiago no es como Xavi, ni Ander como Andrés, no importa, son buenos y pueden enfrentarse a retos complicados (para su edad, de los más complicados).

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