[Análisis] BioShock Infinite

BioShock Infinite

BioShock Infinite es uno de esos juegos que llevas tanto tiempo esperando que, cuando por fin vas a jugarlos, los metes en la consola de forma casi reverencial, preparándote para largas horas de juego y para tratar de empaparte de todo lo que sucede en ese mundo mágico de Columbia. Las expectativas eran muy altas tras los dos primeros BioShock y todo lo que habíamos ido viendo de esta nueva entrega no había hecho más que aumentar las ganas de muchos. ¿Mantiene el tipo?

Infinite nos pone en la piel de Booker DeWitt, un antiguo agente de Pinkerton agobiado por las deudas que decide aceptar una misión suicida: infiltrarse en Columbia, una ciudad flotante de principios del siglo XX y rescatar a Elizabeth, una muchacha que se encuentra allí retenida en una torre. Al final es darle una vuelta de tuerca al concepto del héroe que ha de salvar a la princesa, sólo que esta vez ni el héroe es un modelo a seguir ni la princesa es la criatura desvalida del cuento.

Las mecánicas jugables toman todo lo que ya ofrecían los primeros BioShock. Así, tenemos un juego en primera persona en el que controlamos las armas con el gatillo derecho y usamos poderes especiales con el izquierdo. La salud no se regenera automáticamente, pero podemos recoger botiquines o comida. El dinero que vamos encontrando lo podemos usar en máquinas expendedoras para comprar mejoras para nuestro personaje, sus armas o sus poderes.

BioShock Infinite

Los poderes, llamados aquí vigores, nos permiten lanzar bolas de fuego, empujar a los enemigos, electrocutarlos, hacerles saltar por los aires… Aquí no tenemos la posibilidad de piratear torretas del mismo modo que en BioShock, pero sí podemos hacer que los enemigos, tanto mecánicos como humanos, estén temporalmente de nuestro lado con uno de los nuevos poderes. No creo que nadie vaya a echar de menos lo de piratear en cualquier caso.

Las principales novedades son la inclusión de un dispositivo magnético que nos permite movernos por los raíles que conectan las distintas zonas del juego (así como realizar ataques cuerpo a cuerpo) y uno de los poderes de Elizabeth con el que podemos traer a nuestro universo objetos de universos paralelos: botiquines, munición, torretas, coberturas…

Como ya ocurría en BioShock y hemos visto después en muchos otros juegos, el mapeado está salpicado de grabaciones que podemos escuchar para conocer hechos pasados o para encontrar pistas que nos permitan seguir avanzando en algunas zonas o acceder a determinadas áreas.

BioShock Infinite

Técnicamente el juego no sorprende, pero es ciertamente muy agradable de ver. Se nota que se ha dedicado muchísimo tiempo a cuidar al detalle los escenarios para que reflejen ese aire de principios de siglo XX y nada está dejado al azar. El aspecto casi celestial (y nunca mejor dicho) de los primeros niveles contrasta con lo que vemos más adelante, cuando visitamos los vecindarios de la explotada clase trabajadora o cuando volvemos a las primeras zonas en universos alternativos.

El ritmo del juego es en general muy ágil, aunque también es cierto peca de ir encadenando zonas tranquilas, en las que se aprovecha para ahondar en la relación entre Elizabeth y Booker, con combates de una forma algo repetitiva, especialmente al principio del juego. La única parte que personalmente me ha sobrado es aquella en la que debemos ir a tres zonas ya visitadas para aplacar a lady Comstock. Nos premian con interesantes revelaciones, pero huele a relleno.

Es complicado hablar del argumento del juego sin desvelar nada o chafar sorpresas así que me limitaré a decir que el juego es de esos que se disfrutan más en la segunda vuelta, cuando ya sabes la respuesta a los misterios que te asaltan en la primera y empiezas a fijarte en detalles que antes se te habían pasado por alto.

Mucho se ha hablado durante la promoción del esfuerzo que se ha hecho para convertir a Elizabeth en un personaje memorable, pero no creo que se haya logrado exactamente lo que se quería. Es un personaje interesante, sin duda, pero como no obligan al jugador a protegerla, el vínculo que se forma entre nosotros y ella es débil. De hecho, dependemos nosotros más de ella, de sus habilidades y de su continua búsqueda de munición y botiquines en los combates, que ella de nosotros.

Aunque mis impresiones con el juego han sido en general muy positivas, no me ha sorprendido más de lo que me sorprendió BioShock en su día, aunque supongo que es normal. En cualquier caso, es de lo mejor que ha salido este año sin lugar a dudas y seguro que cuando repasemos lo que ha dado de sí 2013 estará en las listas de mejor juego del año sí o sí.

06
jun 2013
SECCIÓN Videojuegos
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