Análisis: Burnout Paradise

Llevo dos días tratando de exprimir a fondo Burnout Paradise, la última entrega de la saga de conducción de EA, y os aseguro que parece un reto casi imposible. Es apabullante la cantidad de retos que hay disponibles en el juego y el nuevo formato estilo sandbox (muévete por dónde quieras y haz lo que te dé la gana) le sienta como anillo al dedo a este título.

De entrada os diré que Burnout Paradise es una auténtica gozada visual. Es impresionante ver la cantidad de detalles que tiene Paradise City, los cambios en la iluminación, el alto número de vehículos que puedes encontrarte en pantalla… y sobre todo la fluidez con la que se mueve todo. Creo que en las horas que llevo jugando no puedo ponerle ni una pega en este sentido.

También el aspecto sonoro está muy conseguido, con mil matices en los choques, acelerones, derrapes… y además con comentarios totalmente doblados del locutor de radio que hace las veces de guía del jugador.

La jugabilidad no tiene secretos. Basta con saber cuatro cosas: acelerar, frenar, usar el freno de mano y cuál es el botón del turbo. Eso sí, no todo es tan fácil como parece. La respuesta de nuestro vehículo cambiará de forma notable según el modelo y la categoría: velocidad, acrobacias, coches pesados… De hecho, hay retos que no podremos superar si nos llevamos el coche adecuado y otros que ni siquiera podremos intentar.

La cruceta del SixAxis nos servirá para acceder de forma inmediata a las funciones online del juego, ver si hay algún amigo conectado y competir contra él o formar equipos para competir contra otros jugadores.

Dicho esto, pasemos a lo interesante. Cuando el juego empieza sólo tenemos un coche, un carnet de novato y un mundo enorme que recorrer. Como ya he comentado antes, Paradise City es un lugar inmenso y lo tenemos a nuestra disposición para movernos como queramos por él. Cada semáforo esconde una prueba diferente: carreras, persecuciones, retos… y todo ello sin tener que ir por un circuito cerrado, sino moviéndonos por toda la ciudad. Cuando hacemos una carrera, por ejemplo, tenemos que ir de un punto a otro, pero podemos tomar la ruta que queramos y lo mismo harán nuestros rivales.

Desperdigados por el mapeado hay talleres de reparación que ponen nuestro coche a punto (la simulación de los daños en nuestro vehículo está muy lorgada), gasolineras que rellenan el turbo o talleres donde cambiarán de color nuestro coche. También hay desguaces donde podemos recoger los coches (hasta 75) que nos vayan dando o que ganemos al hacerle un takedown a un rival que tenga la mala suerte de pasar por nuestro lado.

A medida que compitamos en las distintas pruebas y las ganemos, nuestro carnet irá mejorando. Cuando completemos un determinado número de retos, nuestro categoría como conductor aumentará y nos recompensarán con nuevos vehículos. Además de todo esto, Paradise City está repleta de atajos, lugares en los que realizar supersaltos o carteles que romper. Hay un número fijo de cada una de estas cosas y es muy entretenido ponerse a dar vueltas por la ciudad y ver qué te encuentras por el camino.

¿Pegas? La verdad es que de momento ninguna. Es un título visualmente atractivo, fácil de controlar y que gustará tanto a los que sean aficionados a los juegos de conducción como a los que no (es mi caso).

14
feb 2008
SECCIÓN Videojuegos
COMENTARIOS 5 comentarios
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5 comentarios a Análisis: Burnout Paradise

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  5. el_currichi says:

    No puedo consegir el desafio numero 50 Hoop-la de burnout paradise.no se ke tengo de hacer si alguien de dijese como se hace

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