[Análisis] Dishonored

Dishonored

En AnaitGames, al final de cada año, los distintos redactores elegimos nuestros tres juegos favoritos de los últimos doce meses. Esta vez mis elegidos fueron, en este orden concreto, Dishonored, Darksiders II y Journey. De los dos últimos ya os hablé en su momento, pero todavía tenía pendiente comentar lo que me había parecido la maravillosa aventura steampunk de Arkane.

El protagonista de Dishonored se llama Corvo Attano y es el guardaespaldas de la emperatriz Jessamine Kaldwin. Al poco de empezar el juego, alguien asesina a la emperatriz y Corvo es acusado falsamente del delito, encarcelado y torturado por los nuevos regentes de la ciudad. Gracias a la participación de un pequeño grupo de conspiradores Corvo logra escapar y ahí comienza su historia de venganza.

Para explicar cómo funciona la mecánica de Dishonored habría que citar un referente muy reciente: Deus Ex: Human Revolution. En ambos casos nos encontramos con juegos en primera persona en los que disparar, aunque es una posibilidad, no es ni de lejos lo más importante. En los dos hay que echar mano del sigilo para movernos por los escenarios y tenemos una amplia libertad de acción a la hora de llevar a cabo nuestros objetivos.

Dishonored

Otro elemento clave que ambos juegos tienen en común es que las decisiones que tomemos influirán de forma decisiva en la historia y afectarán al propio juego en sí. El famoso chip de Human Revolution es un buen ejemplo y en Dishonored tampoco faltarán este tipo de situaciones en las que una simple decisión puede ponernos las cosas más fáciles o más difíciles. En cada una de las misiones, el juego mide el caos que provocamos y los guardias a los que eliminamos. Cuanto mayor es el caos, peor estará la ciudad en el futuro.

Esa alternativa entre usar el sigilo o liarnos la manta a la cabeza y cargarnos a todo lo que se mueve se deja en cualquier caso a la elección del propio jugador y se nos dan herramientas suficientes para ir por un camino o por el otro. Corvo tiene a su disposición una espada, una ballesta, una pistola, granadas y varios gadgets más, entre los que destaca su máscara. Además, también tenemos una serie de poderes sobrenaturales con los que podemos ver a través de las paredes, teletransportarnos, invadir el cuerpo de otros seres o incluso ralentizar el tiempo. Combinar todos esos elementos para ir avanzando por los escenarios es altamente satisfactorio.

El juego tiene un nivel artístico sobresaliente. Los personajes de Dunwall y la propia ciudad, con sus distintas zonas, colaboran a la creación de una atmósfera muy interesante. Personalmente también agradezco que el juego esté repleto de detalles interesantes que te hacen querer recorrer cada centímetro del mapeado: las runas con las que adquirimos o mejoramos nuestros poderes, los amuletos que nos pequeñas habilidades extra o simplemente las numerosas conversaciones y documentos que nos dan más información sobre el trasfondo del juego y sus personajes.

Dishonored

Otro acierto de Dishonored es poder rejugar los distintos niveles para mejorar nuestra actuación, encontrar los objetos que se nos han pasado o probar otras alternativas para llegar a un lugar determinado o eliminar discretamente a un objetivo. Esto aumenta de forma considerable su duración, que ya de por sí no está nada mal para el tipo de juego que es.

En resumen, si os gustan los juegos de sigilo, los mundos complejos y detallados, la estética steampunk y moveros por las sombras o por los tejados acechando a vuestras presas, es muy posible que Dishonored os guste tanto como me ha gustado a mí. Si para vosotros un juego en primera persona sólo puede ser un shooter, pasad olímpicamente de él. No es para vosotros.

09
ene 2013
SECCIÓN Videojuegos
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