Antes de que se enciendan las luces…

Todos ya se han parado a pensar en el tipo de partido que verán mañana. Habrá culés plenos de arrogancia, con la fiabilidad que ha dado su equipo en las grandes citas del último año. Y madridistas del “así, así gana el…” que apelarán al espíritu de las gestas de antaño. Una lucha de orgullo, pero un partido más.

Pero también están los otros aficionados, los que pertenecen a una u otra camiseta pero que además aman el juego. Para estos, y que son madridistas, la victoria supondrá una alegría, pero seguramente no el convencimiento. Para los culés que adoran el juego de su equipo por encima de todo, la derrota creará dudas, pero ya siempre sabrán cuál es camino para reconducir la situación.

Si el destino sonríe a los visitantes, todos dirán que lo sabían. “Con una línea de juego bien definida, no se podía esperar otra cosa”; “el Madrid se aloja en la verticalidad y el desenfreno de sus jugadores, pero no tiene el control del partido”.

Y luego están los que lo verán  sin el apego sentimental a ninguno de los dos colores, pero sí al fútbol. Puede que un jugador o estilo les acerque hacia uno de los dos equipos, pero aquí las posturas serán mucho más variables y de toda índole.

La batalla del medio campo.

Si viajamos un año atrás, recordaremos como en los primeros minutos la efervescencia del Madrid le creó muchos problemas al Barça. Aquel Madrid dependía también del ritmo vertiginoso, pero era mucho menos devastador que éste. El problema blanco fueron los momentos de incoherencia que se dan cuando apelas solamente a la vigorosidad del juego. Ahí el Barcelona tiene a los mejores del planeta, y un puñal más determinante que ninguno: sí, la pulga rosarina.

No vamos a descubrir nada diciendo que Xavi tiene un gran control de la situación, visión y manejo del esférico como nadie. Escudado, además, por Busquets y Touré, que no tienen la movilidad del de Terrassa, pero sí la pausa y el ritmo que pide la circulación del balón. Y aunque sea por todos sabido, hay que repetirlo una vez más: cuando bajen las embestidas blancas, Xavi intentará dañar la espalda del rival, y este Madrid juega con las líneas juntas, y Messi y sus acompañantes que decidirá Guardiola, intentarán volar en los espacios libres.

Ese puede ser el planteamiento establecido, pero esto, menos mal, no es ni mucho menos rígido. El medio campo del Barcelona es superior al de cualquier equipo, pero el día de mañana no está escrito. Seguramente, Xabi Alonso está soñando con su día, él y sus acompañantes. Y el reto será no plantearse el partido como un ultimátum y sí como una gran oportunidad. Los centrocampistas del Madrid van a tener que competir, por un día, a ser más inteligentes que los del Barcelona. Y para eso, desde el principio, no pueden salir en inferioridad. Hay que poblar esa zona y no retener demasiado el balón, buscando rápido los movimientos de Higuaín y Cristiano.

El acierto, clave para el Madrid.

El Madrid está teniendo en las últimas jornadas momentos de gran solvencia física. El Barcelona, desde su visita a Londres, ha puesto una (o dos) marcha más a su constante línea de juego, aunque sus jugadores carguen con más minutos en sus piernas. Por eso, previendo un duelo a pleno rendimiento, la eficacia será clave.

En el 2-6 del año pasado, la diferencia de calidad entre ambos equipos podía explicar un resultado así. Manteniendo esa medida de los dos equipos, podemos pensar que el Madrid ha mejorado algo en el medio campo, y que es más peligroso arriba, pero en la balanza de la calidad el peso se inclina a favor del Barça, que puede hacer daño tanto a un ritmo vertiginoso como más lento.

Otra cosa será aprovechar las ocasiones, y en esas no hay un ganador claro. Aunque centrándonos en este punto podemos decir que las ocasiones erradas del Barcelona se notan más, porque toda la elaboración anterior que suponen las hacen más llamativas. También es cierto que esa sensación que ha dejado el Madrid de que necesita menos para hacer daño al rival no se ha visto en sus citas decisivas, y sí sus dudas.

No hay un pronóstico claro, y menos cuando toda la atención se centra en un solo partido. La trayectoria sí es más mesurable, y el Barcelona, pase ya lo que pase, saldrá al campo con una victoria moral. El Madrid debe iniciar su búsqueda, y lo de mañana, aunque sea una victoria, debe ser sólo una pequeña parte de la composición de una identidad fiable. Porque también es posible que un diluvio suspenda el partido, y seguramente los cimientos del Bernabéu ni se inmutarán.

09
abr 2010
SECCIÓN Deportes
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