
La novela es muy dura y no hace concesiones. Podríamos dividirla en dos partes muy bien diferenciadas. Al principio, cuando Paula habla de su infancia, su juventud y su noviazgo con Charlo el tono es más bien alegre, aunque hay determinados pasajes también muy duros. En esa primera parte la estructura es más o menos organizada pese a los flashbacks y flashforwards de la narración. Tras el matrimonio y en el momento en el que comienzan los malos tratos todo cambia. La estructura se pierde, hay repeticiones, digresiones, exclamaciones… además, el marco temporal de la novela se desvanece como si ya no importase el cuándo, como si la protagonista ni siquiera fuese consciente del paso del tiempo.
En esta segunda parte encontramos verdaderos gritos de ayuda de la protagonista que acusa a los médicos que la curaban de “no verla”. De no mirar más allá de su clase social o de su aliento que olía a alcohol. Su marido, que hasta ese momento ella nos había presentado como una persona con carisma, y con cierto encanto se convierte en un monstruo que la maltrata, la tortura y la viola. Un animal que juega con ella como un gato jugaría con un ratón, preguntándole después de haberle dado una paliza qué es lo que le había pasado. La respuesta de Paula siempre era la misma: “Me he dado con una puerta”.
Además, para mantener el interés, Doyle introduce un cierto suspense que va desvelando: ¿cómo murió Charlo? ¿por qué Paula tomó la decisión de echarle de casa un año antes? ¿qué esconde la hermana de Paula sobre sus padres? Una novela, en fin, muy recomendable. Una historia desgraciadamente muy común, contada de una forma excepcional, prestando una atención especial a la psicología de la protagonista, a su contexto social… y criticando la forma de educar del Estado, la completa pasividad de la gente ante los malos tratos…
Por si a alguien le interesa, en España el libro lo ha publicado Alfaguara (ISBN: 84-204-2948-1)







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