
La historia se repite: un pirado coge un arma, se lÃa a tiros y mata a una treintena de compañeros. ¿De quién es la culpa? ¿De una legislación que permite a los estadounidenses llevar armas como quien lleva un teléfono móvil? No, qué va. La culpa es del Counter Strike. Según el Washington Post, el presunto asesino, Cho Seung Hui, era un aficionado a los juegos violentos. Claro… eso lo explica todo.
Varios jóvenes koreanos que conocÃan a Cho Seung Hui de sus dÃas en el instituto han dicho que era un fan de los videojuegos violentos, particularmente de Counter Strike, un juego online muy popular publicado por Microsoft, en el que los jugadores se unen a grupos terroristas o antiterroristas y se disparan con todo tipo de armas de fuego.
Lo gracioso del tema es que haya gente que a raÃz de este triste suceso quiera permitir las armas en el campus, hasta ahora prohibidas. Dicen que asà se sentirán más seguros si vuelve a darse una situación parecida. A mà lo que me parece es que eso multiplicarÃa las posibilidades de que ocurriese de nuevo una tragedia.






En este caso y en todos los referentes a armas de fuego el problema está claro (y es una pena que los gobernantes no lo aprovechen): las muertes por diparo existen porque las armas existen, si nadie tuviera armas no morirÃa nadie. Es ridÃculo que sea tan fácil conseguir una y todavÃa lo es más que la gente se crea más segura al tener una.
Un mensaje para todos: tener un arma no te hace la vida más segura sino todo lo contrario. Lo único que puede pasar es que alguien acabe utilizándola, o tú contra alguien o alguien contra ti. Todos deberÃan deshacerse de ellas y el mundo mejorarÃa.