Análisis: Heavenly Sword

Mis sensaciones con respecto a Heavenly Sword han ido variando mucho con el tiempo. Al principio era sólo un juego más, con buena pinta y muchas promesas. Después empezó a funcionar la maquinaria del hype y me dejé llevar… al menos hasta que probé la discreta (y breve) demo. El control de Nariko no me convenció demasiado y la expectación bajó considerablemente. Ahora, con el juego completo, por fin puedo dar una opinión definitiva…

Como todos sabréis a estas alturas, el juego nos pone en la piel de Nariko, una bella guerrera que empuña la legendaria Heavenly Sword para tratar de salvar a su clan del ataque del malvado rey Bohan. En su aventura, Nariko tendrá que enfrentarse a las innumerables hordas de Bohan y a sus peligrosos generales, ayudada únicamente por la joven y trastornada Kai y por el legendario poder de su espada.

La Heavenly Sword no es una espada cualquiera. Con ella, Nariko obtiene habilidades muy poderosas y una fuerza y velocidad sobrehumanas. La espada puede utilizarse de tres formas diferentes: como una espada que se maneja a dos manos, como una espada doble o como unas cadenas con cuchillas en su extremo. Cada forma de ataque tiene sus ventajas y sus defectos y cada una nos servirá para detener un determinado ataque del enemigo. La precisión con que ejecutemos nuestros movimientos es muy importante, ya que nuestros enemigos sabrán cubrirse y será necesario contraatacar y romper su guardia para poder vencerles.

Además de las fases de Nariko, a menudo controlaremos a Kai en misiones completamente distintas. La amiga de Nariko es una experta con el arco y con ella practicaremos nuestra puntería y pondremos a prueba el sensor de movimiento del Sixaxis, que responde bastante bien una vez dominamos la mecánica.

Para acabar, voy a tratar de ser breve: Heavenly Sword no es lo que nos habían prometido. Es cierto que es visualmente precioso, es verdad que las secuencias de vídeo son una maravilla y que se nota el trabajo realizado en la captura de movimientos y en el apartado artístico del juego, pero se han olvidado de lo más importante: la jugabilidad. El control de Nariko a menudo es caótico y las secuencias en las que debemos introducir botones le hacen perder ritmo. Por si fuera poco, el juego se puede terminar en su suspiro y los premios que se consiguen al rejugarlo no merecen la pena. En resumen: Heavenly Sword no es un mal juego, pero no es mejor en su género que el espejo en el que se mira, God of War, o que el Ninja Gaiden de Tecmo.

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