
Sí, lo sé: estoy analizando un juego de 2005. Pero creedme, merece la pena. Si alguien a estas alturas todavía no se había pasado Shadow of the Colossus lo único que puedo hacer es recomendarle que lo haga cuanto antes. Se ha hablado mucho de si los videojuegos eran un arte o no. Si yo tuviese que defender la primera opción, sin duda mi principal prueba sería este juego de Fumito Ueda. Aunque en este caso se trataría de arte minimalista. Y es que Shadow of the Colossus no tiene nada accesorio. Todo en él está bien pensado y rompe los moldes del género de aventuras logrando un producto fresco e innovador en todos sus aspectos.
La historia comienza cuando el protagonista, Wander (también llamado Wanda), decide ir contra las tradiciones de su gente para salvar a su amada. Mono, que así se llama ella, ha sido sacrificada por considerarla maldita y en la introducción vemos cómo Wander la lleva al terreno vedado en el que transcurre el juego y deposita su cuerpo en un altar. Allí habla con Dormin, un ser inmaterial que le promete resucitar a Mono si Wander derrota a dieciséis temibles colosos. A partir de ahí la mecánica del juego es simple: Wander debe encontrar uno por uno a cada coloso y derrotarlo. Para ello sólo contará con una espada, un arco y con Agro, su caballo.







Últimos comentarios