
Hoy os traigo otro de esos análisis con retraso (con un año y medio de retraso en este caso). Se trata de Gears of War, uno de los juegos a los que más ganas le tenía de Xbox 360. Había oído hablar tan bien de él que pensaba que iba a decepcionarme, pero la verdad es que ha sido justo lo contrario. Como todos sabréis a estas alturas, se trata de un shooter en tercera persona en el que saber mantenerse a cubierto, flanquear a los enemigos y obtener la mejor posición de disparo es tan importante como saber apuntar.
El argumento del juego se desarrolla en un futuro lejano en un planeta llamado Sera. Durante décadas, las naciones de Sera estuvieron peleando para hacerse con el control de una poderosa fuente de energía subterránea llamada imulsión. Cuando la guerra tocaba a su fin, los habitantes originarios de Sera, los Locust, salieron de la corteza del planeta y en poco tiempo se hicieron con el control de todas las ciudades, obligando a los humanos supervivientes a refugiarse en una zona restringida.














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