Brasil-Portugal

Ya tenemos finalistas en el Mundial Sub-20 de Colombia y si quisiéramos ser fieles devotos de lo pragmático podríamos sintetizar que el orden y la cautela han vencido a la osadía y la imaginación.

Portugal y Brasil se disputarán la corona que engalana y distingue a la mejor selección juvenil del mundo aunque, a ojos y sensibilidad de muchos, así se pueda distorsionar la realidad. Nunca faltan los peros.

Brasil, Gabriel y suerte.

En un entretenido partido disputado en Pereira hubo que esperar hasta los últimos diez minutos para empezar a entender todo lo sucedido. No hubo un claro dominador entre Brasil y México, y si hubiera que decantarse habría que hacerlo del lado de los segundos. Los pupilos de Juan Carlos Chávez tuvieron, sin gran diferencia sobre el rival, más llegadas a la portería de un ya santificado Gabriel. Sólo el excepcional talento de éste bajo palos y su formidable sacrificio -ejemplificado con un fuerte golpe en uno de sus ojos que no le permitía abrirlo del todo-, además de la correspondiente dosis de suerte que acompaña a los de Ney Franco y sus jugadores, explica su paso a la final.

No es que este Brasil carezca de jugadores interesantes, lo que ocurre es que en el estilo que desprende destacan una serie de centrales y centrocampistas de gran vigor físico y sin estridencias. Fieles ordenanzas. Después de seis partidos, el mensaje que parece llegar a los jugadores por parte de los técnicos, y que desde fuera se puede intuir, parece claro: prohibido complicarse con el balón. Después,  esperar que de alguna forma llegue una ocasión de gol.

De esta manera se puede entender que dos de los jugadores más llamativos de Brasil en ataque, Dudú y Negueba, sean fijos, pero de entrada en las segundas partes.

El primero es un delantero escurridizo. Una especie de Villa que arranca desde la izquierda pero abusa más del uno contra uno. Frente a España, en cuartos, protagonizó la acción del segundo gol de su equipo, curiosamente la única acción seria de combinación de los canarinhos  aquella noche.

Negueba, por el contrario, con su gran figura atlética y el color de su piel nos hace recordar al mítico Jairzinho, con las reservas lógicas. Ocupa la banda derecha y la potencia, con esos cambios de ritmo en carrera, es su rasgo más característico.

Pero, incidimos, estos dos son carne de banquillo.

De inicio, Franco, para lo creativo cuenta con Philippe Coutinho y Óscar. El del Inter, desde hace unos años, pasa por ser una de las figuras de Brasil para el futuro o así se intuía. En esas imágenes que nos llegaban desde Brasil hace pocos años se distinguía un jugador liviano, pero muy ágil al entrar en contacto con el balón. Cuando lo controlaba daba otro dinamismo al juego, mucho más profundo. Hoy, en cambio, cuesta bastantes minutos verle entrar en acción en los partidos. Contra España pasó totalmente inadvertido y contra México asomó muy poco. Se le ve pesado, probablemente por algún trabajo alternativo producto de esa obsesión de algunos técnicos que creen que en la suficiencia física está el éxito.

Ya sólo el tiempo nos dirá si esa chispa que poseía la están apagando poco a poco o si su fuerza de voluntad nos ofrecerá una versión complaciente del joven media punta.

Por más títulos o conquistas que alcance Brasil, su filosofía y actual falta de ambición por mostrar un estilo acorde a los recursos que tiene nos hace situar a su selección en el apartado de dudosos,  donde ya no debería entrar México.

Semifinalistas en Colombia y actuales Campeones del  Mundo Sub-17, datos que confirman que los aztecas vienen trabajando en serio. Con un fútbol honesto que transmite la generosidad en el esfuerzo de todos sus componentes, los Dávila, De Buen o Rivera dieron una mayor muestra de espíritu que Brasil, que sólo dio reales sensaciones de tener sangre en las venas cuando marcaron su primer gol. Gozaron de ocasiones claras que por una u otra razón no pudieron o supieron aprovechar. Pero lo más importante es ese semillero que está solidificando una entidad futbolística que no desdeña el buen trato de pelota pero que prima la entrega. Tal vez, Brasil 2014 sea la cita en la que México dé un salto de calidad evidente.

La eficacia portuguesa

Sin recibir un gol en todo el torneo se presenta Portugal a la cita de esta noche en Bogotá. No jugaba una final desde que ganara la del viejo Estadio Da Luz en 1991. En una imagen que ya es historia del fútbol podemos recordar la vuelta al estadio de Rui Costa con la copa que había conseguido frente a su viejo y actual rival: Brasil.

Los penaltis decidieron el vencedor en aquella cita, pero Portugal llegaba a esa instancia con una de las mejores generaciones de su historia, con el mencionado Costa y con Luis Figo a la cabeza. Hoy, ese juego de toque ha evolucionado a otra cosa, una metamorfosis no tan alejada de lo que ha pasado con Brasil. Pero si tenemos en cuenta las posibilidades de un país y otro, evidenciados en su población total, puede justificarse un sistema que ahonde en la subsistencia. Y esta selección lusa es una muestra eficaz de ese cambio con una defensa que no admite concesiones. Posiblemente, no era el partido que soñaban los colombianos, que con tanto esmero han cuidado la organización y han seguido el evento. Y sin embargo es una final. A una semana vista de la triste derrota contra México, ya es hora de volver a sentir fútbol. Unos chicos de apenas veinte años serán hoy Campeones del Mundo.

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