Cambio de género

Barcelona y Málaga salieron en la ida de los octavos de final de la Copa del Rey con prácticamente toda la creación de juego con la que contaban. Si una opción ha demostrado ser la más fiable para desestabilizar los principios del fútbol del Madrid, ha sido la que ha contado con piezas capaces de mantener el control de la posesión en las zonas donde el equipo de Mourinho es capaz de presionar más, tanto arriba como en el medio campo.

Las secuencias de lo sucedido en cada uno de los dos partidos se fueron solapando, inevitablemente, pero el cambio de rostros en el desarrollo etiquetó la cinta con un género contradictorio. En la que el Madrid tocó a arrebato, el Málaga decidió cambiar el guión en busca de… ¿un final clásico?

Pellegrini se decició por Apoño. En los partidos anteriores, Duda había sido el hombre encargado de acompañar a un clásico escudero que ejerce de fijo: Toulalan. La profesión de medio centro no es fácil, si no es la natural de uno, salvo que la tengas muy asimilada. Esa es la pieza a la que todos buscan para que despliegue el catálogo de opciones de salida. Puede que al malagueño le falte un poquito de allí y otro de acá (hablando de fútbol), pero con un giro le da salida limpia a la pelota y eso hace dudar a los rivales en sus movimientos de presión, por una mera sensación de control en sus acciones. Si a eso le añadimos a un inquieto Cazorla que pisa, recorta, vuelve a amagar y mira a los ojos a los rivales como pocos jugadores en la Liga, y, por si fuera poco, a ellos se les une un Isco, ese jugador distinto, el Madrid, sus carencias y su apatía del comienzo fueron el mejor caldo de cultivo donde meter los pies firmente.

Es cierto que los goles vinieron por arriba, castigando más la desgana blanca que sus carencias técnicas individuales y como equipo, pero se demostró que el sustento del málaga estaba en mantener a las piezas que hubiesen hecho dudar, aunque hubiese sido solo un poco más, al Madrid. Cuando los locales cambiaron de ritmo, Pellegrini sacó del campo a Van Nistelrooy y metió a Rondón, un delantero de movimientos no tan diferentes a los del holandés. El Madrid había adelantado las líneas y era cuestión de buscar la espalda por esos espacios. A los pocos minutos se marcha el primer lanzador e instintivo indagador de esa opción, Isco. Posteriormente, tras un fuerte golpe, Cazorla coge el mismo camino. En ese momento, ya hacía un buen rato que los blancos habían convertido en un descontrol un partido donde el Málaga, en un cuarto de hora, había perdido la forma de anclarse. Entre 22 y 23 horas después, en su disputa, el Barcelona había colocado guías y cabos en una buena parte del campo. Todos ellos bien sujetos para confiar en la precisión de las maniobras.

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05
ene 2012
SECCIÓN Deportes
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