Capacidad de análisis

Hoy, seguramente, Marcelo Bielsa ya tendrá repasados la mayoría de los partidos del Athletic de Bilbao de la temporada pasada. Muchos se preguntarán por qué, y el motivo de esta duda, hoy tristemente habitual, puede no ser sólo uno. Por ejemplo, algunos pensarán que es baldío e ingenuo trabajar en algo que todavía no sabes si te concierne. Otros, simplemente, pensarán que es un enfermo y dudarán de que tal inquietud y ansia por conocer sirva para algo.

Josu Urrutia, ex medio del Athletic, decidió anunciar la semana pasada que Bielsa era su opción para el banquillo, dentro de su candidatura a la presidencia del club vizcaíno. No es un anuncio cualquiera y sí la confirmación de un rumor que nos puede decir mucho, o muy poco, de la percepción que los socios del Athletic tienen de la gestión deportiva de su club, cuando el jueves decidan en manos de quién ponen sus ilusiones.

A expensas de los prejuicios

El Athletic de Bilbao ha dado un cambio considerable en los cuatro años que Macua ha sido presidente y Caparrós se ha hecho cargo del primer equipo. Porque cabe acotar que la labor del sevillano va más allá de la convivencia con los profesionles. Hablamos de un técnico transversal, hiperactivo, que entiende la actividad del club como un espacio de producción con una distancia muy corta entre el primer equipo y los escalafones infreriores.

Esa capacidad de olfatear y dar salida al talento le ha hecho merecedor de una fama que ya va  a vestir para siempre su carrera como técnico. Como también, nadie está libre en esta asamblea popular, es portador del cartel de técnico cuyos equipos se exceden en un juego directo, tachado de rudimentario. Muchas veces, posiblemente acuciado por esa etiqueta, ha señalado que el estilo del Barça es único porque cuenta con jugadores especiales e inusuales. Tal vez sea una realidad, tal vez sea un escudo, pero Caparrós es tan atrevido como dudoso, para un sector de los aficionados, es el juego de sus equipos.

Hubo un tiempo en que las explicaciones con buenas palabras, con un estilo poco habitual, servían para seducir a la masa, o por lo menos, si alguno entiendía ese lenguaje tan embriagador y transmitía el contenido a su círculo de influencia, se acababa por consumar el hechizo. Hoy eso no cuela. Es más, si te metieron en el grupo de los rapsodas, aunque ni siquieras visitaste o sabías lo que era un ateneo, lo tendrás peliagudo para cambiar opiniones.

Muchos lectores de la prensa deportiva española han ido conociendo a Bielsa en las últimas semanas por rechazar ofertas de equipos como el Inter de Milán o el Sevilla. La mayoría de esta audiencia, seguramente, ha asociado estas negativas a su apodo: “El Loco”. “Un entrenador que ha trabajado muy poquito en Europa, que no ha entrenado a ningún gran club por aquí y que está en el paro tiene la desfachatez de decir no a estos clubes históricos”.

El análisis, la profundización para llegar a conclusiones lo más exactas posibles, se aleja hoy más que nunca de las organizaciones de las grandes entidades deportivas. No podemos generalizar porque no sería real, pero la ligereza con que en ocasiones un grupo de aficionados trata la actualidad de los grandes clubes se asemeja en muchos casos a las decisiones que se toman dentro de ellos. Esta realidad, que conlleva directrices sin fundamento, nos aboca al prejucio, que reduce a personas con años de trayectoria a dos adjetivos casi siempre despectivos.

En este punto, las elecciones a la presidencia del Athlétic se han convertido en un cara o cruz, una elección con dos opciones que a priori, en lo concerniente a lo deportivo, los aficionados tienen poco que perder. Pero habría que pararse a analizar si es sólo una casualidad que el técnico que ha revalorizado al Athletic se enfrente a uno de los mejores entrenadores de la historia en opinión de los propios entrenadores. No todo va a ser siempre un juego para los niños, donde las derrotas son menos derrotas.

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