Carreteras de mi niñez

¿Cómo se puede vivir un día que sólo ha existido en la imaginación? ¿Habría que levantarse de una forma diferente? ¿Cambiar los hábitos por poco rutinarios y dispares que los tengamos? ¿O simplemente dejarse llevar?…

Desde que el fútbol es el compañero de la eterna soledad, la Final de un Mundial me marcó la frontera con una especie de ensoñación de la autorrealización. Supongo que cuando era pequeño sólo me veía ligado a ese logro, que al final era mi imagen de la gloria que todos buscamos.

Alguien o algo que no me dio ni la habilidad ni los arrestos con la pelota sí me otorgó una visión concreta del juego, y eso, no sé cuándo, me enganchó para siempre.

Uno quería llegar hasta allí de la manera que fuese y, como no podía, tuvo que buscarse un representante acorde con el personaje.

Como no era ni muy hábil ni triunfador, y por mera cuestión de cercanía, la selección española de fútbol era el único y, cómo no, designado candidato. Sin demasiada publicidad ni protagonismo histórico, era un equipo que deambulaba a lo largo del año para obtener sólo eco en las fases finales. Pero un eco, sobre todo, de multitud de voces escépticas que una y otra vez se cargaban de razón con el aliento del fracaso, sin saber que antes, desde esas mismas bocas, lo habían respirado.

Pocos querían a la selección, pero, qué demonios, podía jugar un Mundial y por lo tanto aspiraba lícitamente a la gloria absoluta.

Con el paso del tiempo, ante las primeras decepciones, mis ojos dispararon hacia otros lados. Cuando eres pequeño el tiempo pasa más despacio y la impaciencia ante la falta de éxitos me hizo buscar en otros lugares. Y es ahí que empezó todo lo que hoy podemos ver.

La casualidad quiso que viera nacer la generación que hoy tenemos a las puertas de algo muy grande. Seguí sus pasos desde toda la insuficiente atención que les supe poner, y con la ilusión que a veces puede desorbitar las expectativas. Nadie me creyó cuando les alababa; nadie me amparó cuando les defendía. A veces fue un apoyo tan cerca de la soledad que parece más propio de un hechizo que hoy vayan a jugar una Final de un Mundial.

Disfruté mucho de la Eurocopa del 2008. Recuerdo todos los partidos, como muchísimos aficionados. No me olvido de los penaltis contra Italia, de la segunda parte de la semifinal, del dominio contra Alemania en la Final, de todo… Pero faltó algo, no sentí nada especial, y ni mucho menos me vi ante ese antes y después. Acabé solo, pasada la medianoche, recorriendo las mismas carreteras de mi niñez. Y pensé, tal vez en el Mundial.

Desde que tropezamos contra Suiza, no sólo a nuestros jugadores se les quedaron las caras largas. Supongo que la trayectoria también desbarató mis pronósticos y me sacudió la imaginación. Me vino el miedo que hace tiempo ya no tenía ni quería para el fútbol, y la ansiedad de todas las finales que íbamos pasando era la misma que la de cada uno de esos cuartos de final. Como en el típico argumento de un sueño, se daban todos los condicionantes para que volviéramos a perder injustamente, pero al final todo se enderezaba y ganábamos.

Al final me he levantado como un domingo cualquiera. Más al final de la mañana me he puesto a escribir el último párrafo y me he preparado para ir a echar un partidillo al río antes de comer. Igual hasta me esperan con las lentejas listas, como cuando era pequeño, o igual no. Cuando nos hacemos mayores no estamos menos solos, tal vez sólo estamos más ocupados y nos olvidamos de guardar algunos momentos para la imaginación. Cuando antes era todo un inmenso continente a abarcar, ahora son pequeños rincones que no siempre podemos conquistar. Y pensar que fue un país no beligerante el que, hasta es posible, hoy nos deje derramar alguna lagrimilla…

11
jul 2010
SECCIÓN Deportes
COMENTARIOS 4 comentarios
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4 comentarios a Carreteras de mi niñez

  1. Sonia says:

    Seguro que algunos derramarán esta noche alguna lagrimilla, que será producto de la ilusión puesta durante tanto tiempo…
    Yo creo que hoy será un día como hace 24 años, lo más posible es que estén esperándote con las lentejas en la mesa…

  2. Hoy vamos a vivir algo muy grande y se nota en el ambiente. Aquí en Menorca hay banderas de España en muchos balcones, españoles y extranjeros visten los colores de la selección y en cada restaurante y cafetería avisan de la gran final. Yo veré el partido solo en la habitación del hotel, aunque me gustaría verlo con mi padre y mi hermano, compañeros de tantas tardes y noches de partidos televisados.

  3. Daniel Armas says:

    Triunfo tan esperado como merecido, quiza esta es la edad justa para disfrutar de las alegrias que esta brindando la seleccion espanola, ahora a disfrutarlo durante 4 anos hasta Brasil 2014.
    ENHORABUENA!

  4. Kike says:

    ¡VIVA ESPAÑAAAAA!

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