Cochis es el nombre

El jugador argentino, pequeño, hábil, escurridizo, preciso, gran definidor, además de zurdo. Sorprende ver entre morlacos de edades tempranas, en la irregularidad de esa superficie, la iluminación de un chico que proyecta toda la expresión cultural de su fútbol. En eso se han convertido, en buena parte, las divisiones inferiores en Argentina y Germán Cochis (12/1/1996) es una luz, o esa licencia que permite alumbrar de vez en cuando. Y es también, con seguridad, la evidencia de que antes que ese escenario siguen la calle y una historia (ese pasado).

Para jugar así hay que haber luchado por sobrevivir o, cuanto menos, esa parecía ser la vía para la supervivencia. Pero en el desarrollo de unas cualidades especiales, hoy se han mezclado la realidad y lo simbólico. Jugar en esas calles o descampados siempre exigió respuesta y velocidad de ejecución, pero de ese plano real al simbólico se ha pasado sin atender al estudio, la duda científica y la escena. En medio del prado o del lodazal sobresalen chicos muy desarrollados para su edad pero lo purifican en el ensayo, ya muy de vez en cuando, otros Cochis. Reconforta saber que el fútbol siempre estará en la calle y alegra saber que saltándose el medio hay una especie de genes que se activan a través de la imaginación.

Con los ojos llenos de lo que supone ver jugar así, en unos escenarios cordobeses más propios de un leyenda de fútbol, viajamos a otro mundo de hoy, el sintético. Si hiciéramos una fotografía aérea del territorio español, esa es la superficie que imperaría en el mar de los 100×60 metros (aproximadamente). Un espacio por donde la pelota corre a la medida que el tacto de la bota impone, con esa tendencia a la velocidad, que es la precisión de los más hábiles. Sin embargo, si enfocamos hacia el sur, unas semanas atrás, en la disputa del Campeonato de Andalucía de Fútbol Infantil, y con el desenfoque de la subjetividad, veremos como la zurda fina y elegante de Alejandro Castillo (1998) no merece la titularidad para su técnico, el seleccionador infantil de Cádiz. Y tal vez tenga que ser así, para que la calidad se haga su espacio, ya sea donde los condicionantes piden otra pelea u otro tipo de jugador, o incluso en un mar en calma en el que cada uno se mueva a sus anchas y donde presuntamente se abogue por el conveniente desarrollo del talento: uno luchará, otro tirará de imaginación, pero nosotros tendremos que verlo.

Alejandro Castillo, el quinto sentado por la izquierda.

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