Colombia, la madurez de una generación

Al resguardo de la generación del 86, Colombia vive su momento más dulce en mucho tiempo.  El último éxito de los cafeteros no se aleja demasiado en el tiempo, como es la conquista de la Copa América en su feudo en el 2001, pero visto el recorrido posterior de aquel equipo y el ambiente enrarecido del torneo (Argentina se negó a ir por motivos de seguridad), las sensaciones que transmite el actual combinado dirigido por el “Bolillo” Gómez, con el inestimable oxígeno que insufla Leonel Álvarez, no parecen de las que se evaporan en un día y para siempre.

Con la base de la selección Sub-17 que alcanzó las semifinales en el Mundial de Finlandia 2003 y la Sub-20 que conquisto el Sudamericano de 2005, Colombia ha encabezado el Grupo A con paso sólido, sin grandes alardes pero dando muestras de madurez en relación a lo que los rivales le exigían.

La dupla Gómez-Álvarez ha forjado un grupo unido, con un once muy marcado que trabaja al unísono en el achique para después aprovechar el recorrido, la potencia y el saber hacer de muchas de sus piezas. Falcao es el jugador de cartel (17 goles en la Europa League) que distrae a las defensas con sus continuos movimientos y que deja mal a sus otras virtudes cuando luce su pegada a gol y potente remate de cabeza.

Fredy Guarín  es el toque distintivo del once titular, con una derecha afilada para centrar y pegar desde media distancia. Posee gran sentido de la profundidad y sólo le falta participar más en el juego. Digamos que lo que se le reclama al jugador surgido del Envigado es lo que muestra casi regularmente Adrián Ramos, capaz de moverse activamente por toda la zona de ataque y con buen recorrido con la pelota en los pies. Tal vez se le puede achacar que no seleccione bien en algunas acciones, pero ya no deja ser un jugador interesante.

Las distintas piezas del bloque cafetero han ofreciendo un nivel similar en la primera fase de esta Copa América, pero si alguien está dando un punto de más es Juan Zúñiga, hasta ahora el mejor lateral derecho del torneo. Siempre confiado con el balón en los pies, seguro y capaz de ocupar con holgura toda su banda. Dada la dificultad para que surjan laterales de personalidad y manejo es un disfrute observar la autoridad del jugador del Nápoles en su parcela.

Todos los jugadores mencionados anteriormente son de edades similares (entre los 25 y 26 años), a punto de llegar a la etapa ideal de un futbolista, por eso puede ser llamativo que la pareja de centrales que forman Yepes y Perea  se haya acoplado tan bien. Del primero no había tantas dudas debido a su capacidad y personalidad, a pesar de sus 35 años.

De Perea preocupaban sus lagunas. Dotado de un físico espectacular, en su club es conocido por cometer errores infantiles en los momentos menos precisos. Una crítica algo exagerada si tenemos en cuenta que el Atlético de Madrid lleva dos décadas acumulando traspiés. Aún así se puede suponer que la influencia del primero sobre el segundo, un llamado a la permanente atención, ha concretado este baluarte defensivo.

Y esa es la sensación compacta que deja la tricolor colombiana. Alcanzados los cuartos de final, casi se le puede exigir dar un paso más en la competición. Por lo que está mostrando, no hay más de tres equipos de su entidad en la carrera aunque hemos llegado a los momentos en los que la justicia no deja que la imagen tenga un peso tan determinante.

 

 

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