[Crítica] El juego de Ender

El juego de Ender

Harrison Ford aparece como superpadrino de la película de ciencia ficción de la temporada. Todo apunta al éxito: una peli sobre el espacio, con unos efectos especiales de los que te compensan el precio de la entrada, un reparto con estrellas, un director oscarizado… Pero todo queda, para desánimo de un adulto, reducido a un producto hecho por y para adolescentes.

La historia que nos cuenta El juego de Ender nos sitúa en un planeta Tierra supuestamente amenazado por una civilización extraterrestre de la que no se tiene apenas información, pintan bien poco la verdad, simplemente hay que creerse que están ahí en algún lugar, hostilmente al acecho.

La cuestión es que esta especie ya se fue escaldada de nuestro planeta hace setenta años después de una guerra en la que conseguimos derrotarlos y alejarlos, pero… esto no se había acabado, se ganó una batalla, no la guerra. Los alienígenas necesitan expropiar un planeta y quieren el nuestro, así que van a volver y hay que estar preparados.

Lo más curioso y casual (¿?) es que nuestros salvadores son los niños, sólo un niño tiene la capacidad de salvar al planeta, son los que tienen un mayor potencial, pero claro, todo si se encuentra al ‘elegido’ y se le forma y encauza adecuadamente.

Así que nada, quedamos en manos de Ender (Asa Butterfield, el chaval de La invención de Hugo, que aquí se vuelve a encontrar con el grande venido a menos Sir Ben Kigsley), que es enviado a una escuela militar espacial con el fin de prepararlo para una futura invasión.

Esta peli dirigida por el sudafricano Gavin Hood (Tsotsi, Oscar a la mejor peli de habla no inglesa, aunque luego se jugó su filmografía contándonos los orígenes de Lobezno), es la adaptación de la popular novela de ciencia-ficción de Orson Scott Card, y el resultado es casi como una fotocopia de la también infantil y palomitera teenager Los juegos del hambre.

Niños prodigio de Hollywood como la hermana y novieta del prota, Abigail Breslin (Pequeña Miss Sunshine) y Hailee Steinfeld (True Grit) respectivamente, o la talentosa Viola Davis (Criadas y señoras), completan un reparto imponente pero no consiguen mejorar el discurso que desprende el filme, que además tiene un final flojo a conjunto del resto.

Es en definitiva otro producto totalmente diseñado para triunfar en taquilla y petarlo gracias al componente ‘teen’, o sea, que si tienes más de 23 años y un gusto maduro no hace falta que te gastes el dinero en ir a verla.

19
nov 2013
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SECCIÓN Cine y TV
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