[Crítica] Wall Street: El dinero nunca duerme

Wall Street: El dinero nunca duerme

No es habitual que la secuela de una película llegue más de dos décadas después de su primera parte, pero Oliver Stone es un tipo peculiar. Wall Street: El dinero nunca duerme se ha estrenado en las salas de todo el mundo cuando su primera parte está a punto de cumplir la friolera de 23 años. En parte tiene sentido que volvamos al hostil mundo de Wall Street precisamente ahora, cuando estamos hasta el cuello en una crisis económica global (cada vez menos global y más local, dicho sea de paso) en la que personajes como los que se describen en esta cinta han tenido un papel clave.

Wall Street: El dinero nunca duerme comienza con la salida de prisión de Gordon Gekko (Michael Douglas), una magnífica secuencia que marca perfectamente el paso del tiempo y nos muestra también la bajada a los infiernos del villano del primer Wall Street. A partir de ese momento vemos a Jake Moore (Shia LaBeouf), un joven idealista, defensor de las energías renovables, que trabaja en un importante banco de inversión y vive con la hija de Gekko, Winnie (Carey Mulligan).

Cuando el banco en el que trabaja se hunde por completo y su mentor, Louis Zabel (Frank Langella) acaba suicidándose, Jake recurre a la experiencia de Gordon Gekko a espaldas de Winnie para tomarse cumplida venganza del principal responsable, Bretton James (Josh Brolin).

Durante gran parte de la película asistimos a un proceso en el que Gordon Gekko parece buscar redención. Quiere acercarse a su hija, ayudar a Jake y, de paso, vengarse él también de Bretton James, que al parecer fue uno de los responsables de que Gekko acabase en prisión. Sin embargo, la filosofía canis canem edit de la película original se mantiene y Gekko acaba convertido en un villano mucho más temible y frío que James.

Las interpretaciones son correctas, con Michael Douglas como principal atractivo y el único personaje que realmente parece bien construido. LaBeouf tiende a actuar casi siempre igual con independencia de la película y Carey Mulligan básicamente se limita a estar ahí y poner cara de cordero degollado.

Visualmente hay varios planos que sorprenden, como algunos con grúa que muestran los edificios de Manhattan, aunque también hay varias metáforas visuales muy poco sutiles, como las que tienen que ver con las burbujas.

Para ir terminando, creo que a Wall Street: El dinero nunca duerme le sobra al menos media hora larga de metraje y el final no hay por dónde cogerlo. Las acciones de los tres personajes principales en los últimos cinco minutos no cuadran con lo que hemos visto en el resto de la cinta y eso hace salgamos de la sala preguntándonos si los guionistas creen que somos tontos.

22
oct 2010
SECCIÓN Cine y TV
COMENTARIOS 3 comentarios

3 comentarios a [Crítica] Wall Street: El dinero nunca duerme

  1. Kike says:

    …”se limita a estar ahí y poner cara de cordero degollado”, jajaja…

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