De sainete y pandereta

Nuestra amada Real Federación Española de Fútbol ha vuelto a avergonzarse a sí misma. No es ninguna novedad y ya llueve sobre mojado, pero no deja de ser menos doloroso. El amago de dimisión de Luis Aragonés fue espérpentico y completamente innecesario. Primero, por su forma de anunciarlo, acusando a la prensa de haber hecho que se fuese, y segundo, por su marcha atrás, que hace que pensemos que todo fue un calentón.

Y es que estoy convencido de que así fue. Probablemente a Aragonés, que es una persona de carácter, le tocaron demasiado las narices hablando de su salida tras el descalabro ante Irlanda del Norte y decidió mandarlo todo al garete. Después pensó las cosas en frío, le harían darse cuenta de que tenía mucho que perder marchándose y decidió quedarse en un cambio de opinión que, como he dicho antes, hace que veamos su dimisión anterior como una rabieta y no como algo meditado a fondo y decidido. No voy a entrar en si Aragonés debe irse o no. Lo cierto es que a estas alturas ya me empieza a dar igual.

Lo peor de todo es que esta Federación también se mueve como Luis, por calentones e impulsos. Nada parece seguir un plan establecido, sino que las cosas simplemente ocurren. No se intenta inculcar unas ideas y formar a unos jugadores desde jóvenes, pero es que ni siquiera se intenta tener a seleccionadores que compartan una cierta idea del juego. En su día pasamos de Clemente a Camacho, después llegó Sáez, más tarde Aragonés y ahora se habla de que los hombres en la recámara son Del Bosque o Lotina, que no es que sean almas gemelas en sus planteamientos futbolísticos.

Pero claro, qué importa. Los que deciden estas cosas, Ángel María Villar y compañía, están en la Federación por un sólo motivo: medrar. Y el hecho de que ellos mismos no se marchasen en su día cuando salió a la luz el asunto de las dietas y viajes pagados con dinero de la RFEF (dinero público, recordemos) ya lo dice todo. ¿Por qué se van a preocupar de cómo le vaya a la selección? Si Luis se va, pondrán a otro. Seguirá pasando lo de siempre, la prensa y los aficionados nos acordaremos de la selección sólo cuando toque y ellos seguirán llevándose todo lo que puedan. Nadie se presenta como alternativa a lo que hay y, cuando alguien lo hace, la mitad del fútbol profesional decide que es mejor malo conocido que bueno por conocer. Pero no, en este caso no puede haber nada peor de lo que tenemos.

12
sep 2006
SECCIÓN Deportes
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