Del lado que quiera

Iniesta

Una, dos o tres… Tratando de recordar las novedades de esta selección alemana respecto a la que disputó  la Final de la pasada Eurocopa, me viene a la memoria el zigzagueo de Iniesta ante Paraguay, preludio del gol de Villa.

Cuando uno presencia una acción de inspiración semejante (igual que la del gol frente a Portugal, o la del segundo contra Chile) se cerciora de que el orden y la predisposición dejan de tener tanta importancia.

Hace ya nueve años, Andrés Iniesta y Fernando Torres eran el aire fresco que se batía el cobre en el extinto europeo sub-16, celebrado para la ocasión en Inglaterra. Las crónicas escritas que llegaban sobre los dos primeros partidos del Torneo nos destacaban a un delantero larguirucho y plástico, y a un organizador pequeño y muy inteligente, muy propio de la escuela de la que procedía.

Como ya habían solventado con victoria holgada los dos primeros partidos, disputaban a medio gas el tercero frente a la Alemania de Troschowski, que sí se jugaba la clasificación. Y en este caso, las cámaras de televisión recogieron el tercer envite disputado en un modesto campo de la campiña inglesa, con mucho viento, por cierto.

El comentarista hacía eco de la exhuberancia mostrada por el erguido delantero atlético en los partidos anteriores, justo cuando una Alemania bastante agresiva se adelantaba en el marcador. El toque de atención sirvió para que, de entre un mar de nervios españoles e intensidad alemana, un pálido y liviano jugador mostrara un cambio de ritmo y recorrido impropios de su carruaje. Eso era algo que no nos habían anunciado ni las crónicas ni el comentarista. Era su carta de presentación, y algo que los alemanes no tardaron en cortar de raíz con una entrada brutal al tobillo cuando iniciaba una de esas talentosas cabalgadas.

Andrés Iniesta tuvo que dejar el campeonato, pero la España de Torres se alzó finalmente con el título.

La táctica en el fútbol ha demostrado, y seguirá haciéndolo, que acorta las distancias. La bravura, el orden y la colocación muchas veces han intimidado cualquier sospecha de talento en la hierba. El Barcelona, por ejemplo, une las dos posibilidades, y bien que le va. Pero tal derroche tiene sus riesgos, y  en muchas ocasiones va en perjuicio de la integridad física de sus futbolistas, que acaban lesionados o agotados.

Ante esta situación, una fórmula es buscar acomodo al talento, como hace la selección Española. Muchas veces comparada con el juego del Barcelona, sólo se parece en que coinciden bastantes de sus futbolistas, que ya es mucho. Pero no hay receta ideal, y ese resguardo de la brillantez se puede confundir con una falta de nervio que deriva en carencia de intensidad y pérdida de terreno.

España se ha visto amenazada por esta situación en diferentes tramos de los encuentros. Los rivales la encuentran por momentos previsible e indolente, y acaban creciéndose como no recordábamos en los dos últimos años. El gesto de Piqué en el penalti cometido contra Paraguay recuerda más que nunca a Hierro, y a una época en la que, todavía uno se pregunta, nos echábamos atrás a defender el qué.

En cambio, ahora se puede pensar que disimulamos, porque da la sensación de que el partido se ha roto, que la moneda caerá del lado que quiera. Hasta que una internada de Iniesta buscando el espacio preciso nos devuelva a todos a la realidad… Ahora mismo me salen Özil, Khedira, Boateng, Neuer… No muchos más. ¿Y a ti?

06
jul 2010
SECCIÓN Deportes
COMENTARIOS 1 comentario
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Un comentario a Del lado que quiera

  1. Precisamente con el penalty de Piqué me acordé del de Hierro en 2002. Estoy viendo ahora mismo las semifinales y de momento España me está gustando. Se nota la presencia de Pedro y están tocando bien, pero tienen que tirar más y colgar menos balones. Es imposible que Villa marqué por arriba con lo grandes que son los centrales alemanes.

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