Desde Malta (III)

Bueno, hoy ha tocado excursión de nuevo. La de hoy, a la isla de Gozo, ha empezado ya con mal pie porque nos dijeron que teníamos que estar en la recepción a las 8:45 y cuando hemos bajado, a las 8:43, el conductor del minibús que nos llevaba al puerto estaba enfadadísimo.

Parece que a alguien le habían dicho la hora mal, a nosotros o a él, y llevaba casi un cuarto de hora esperándonos. Después de enseñarle la reserva de la excursión, se ha dado cuenta de que no era culpa nuestra, pero el recorrido hacia el puerto ha sido como un rally. Otro día hablaré largo y tendido de la anarquía del tráfico en Malta.

Desde el puerto hemos cogido un ferry en plan borregos y, una vez en Gozo, nos han llevado a ver los templos neolíticos de Ggantija, dedicados a las diosas de la fertilidad y de la muerte. No son nada espectaculares, pero sí bastante curiosos. Algunas piedras dentro del templo aparecen talladas con motivos muy sofisticados para la época.

Desde ahí hemos ido a Victoria, la capital de la isla, una ciudad que, como ocurría con La Valletta, es muy poco destacable en las distancias cortas. Tiene un bonito mirador y algunas casas bonitas en su zona antigua. Eso es todo.

El siguiente gran punto de interés en Gozo era la Ventana Azul, una formación natural de rocas y acantilados que es, sin duda, lo mejor de la isla. Nos han dejado un rato para hacer fotos y a partir de ahí el resto de la excursión se la podían haber ahorrado. Básicamente nos han llevado de un núcleo de tiendas a otro explicándonos los productos típicos. Menudas comisiones se tiene que llevar esta gente.

La vuelta al hotel ha sido más tranquila y, sorprendentemente, hemos sido los primeros en bajar del minibús (siempre nos pasa lo contrario por eso de estar en el quinto pino). Si de algo me está sirviendo este viaje, además de para acostumbrarme al peso de la alianza en el dedo, es para no volver a meter la pata en el futuro con determinados puntos. A saber:

  • Nunca volver a ir a una excursión de día completo. Una visita guiada de un par de horas a algunos puntos concretos, vale. Todo el día de aquí para allá en un autobús con un montón de turistas de los de chanclas, calcetines y riñonera, NO.
  • Es la última vez que me voy tantos días a un hotel sin tener al menos media pensión. Es un coñazo tener que vestirse y caminar diez minutos para poder comer algo decente sin sentirte atracado. Sobre todo si vienes de andar todo el día.
  • Otra cosa que me ha probado este viaje es que los hoteles de cinco estrellas no son iguales en España que fuera. El hotel donde estamos tiene una fachada impresionante, una recepción muy lujosa, unas buenas instalaciones, un personal atento y muchos servicios, pero es bastante peor que algunos hoteles españoles de tres o cuatro estrellas en los que he estado. El cuarto de baño deja mucho que desear, el balcón no lo han limpiado desde no se sabe y ayer, para redondearlo, nos salió una cucaracha en el cuarto de baño.

Mañana tenemos la última excursión, a la isla de Comino. De allí nos interesa especialmente la Laguna Azul y confío en que tengamos tiempo para bañarnos y hacer algunas fotos en condiciones. A ver si el tiempo acompaña.

17
sep 2009
SECCIÓN Miscelánea
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