El color “administración” y algunos eufemismos

inem

Estoy de enhorabuena. Ayer entré en un gran club. Un club selecto. Para entrar en él debes renunciar a casi todo. No puede entrar cualquiera. Debes renunciar a tu trabajo. Debes renunciar a tu sueldo. Debes renunciar a tu status social. O sea, que ayer me quedé en paro y entré en el grandioso club del INEM. Pero es un club selecto, ¿eh?. “Sólo” somos unos pocos millones de personas.

La primera vez que te quedas en paro suele ser algo traumático. Es cierto. Durante unos meses te has sentido útil a la sociedad y de repente eres una lacra. Algo así como un ex presidente del Gobierno, pero sin dar conferencias ni entrevistas, sin ganar un pastón por hacerlo, sin un sueldo vitalicio… Vamos, igualito. Otro de los privilegios de los ex presidentes es que se saltan el trámite de la cola del paro. Y no es que se libren simplemente de hacer una fila, de esperar tu turno durante horas. Se salvan de permanecer un buen rato en un recinto con color “administración”. El color “administración” acostumbra a ser gris, aunque a veces también está el beige, pero siempre en un tono apagado. Ideal para subirte el ánimo.

En la oficina del INEM, aparte del color gris “administración”, se respira un ambiente viciado. Al fin y al cabo, todos estamos ahí por lo mismo, porque estamos sin curro, lo cual hace que todo sean caras tristes, de desesperación… más o menos como un partido de Atleti. De hecho, si pintasen el Calderón de color gris “administración” pegaría más con el público. Y en el INEM todos estamos para lo mismo, para pedir un trabajo, lo cual te hace mirar al otro con desconfianza. Miras por encima del hombro del que está a tu izquierda y ves que su número del turno es anterior al tuyo y pones cara de asco. “A ver si me va a quitar este la última plaza del Curso de Jardinería y Restauración de Bonsáis. ¡Cabrón!”. Hay que procurar no verbalizar los pensamientos, que luego se lía. Pero eso sí, si miras al de tu lado y ves que a ti te toca antes, te acomodas en tu asiento y sonríes lleno de orgullo. Jajaja, ¡allá voy bonsáis!

En este proceso en el que uno pasa de currela a parado hay un momento fundamental e imprescindible, claro está: cuando te despiden. Hay casos en los que te despiden por incompetente con el sutil eufemismo de “esperábamos más de ti” y la consiguiente falsedad de “esperamos que te vaya bien en el futuro”. Sí, ¡ja! Fijo. Si no lo piensas, no lo digas. Es como si lo dejas con tu novia porque te ha puesto los cuernos y le dices: “ojalá encuentres al hombre de tu vida”. ¡Mentira! Tú no estás pensando eso. Estás recorriendo la lista de apelativos que encajarían con tu ya ex novia, desde la A de arpía hasta la Z de zorra. Pensadlo, seguro que os sale uno con cada letra.

Otra de las frases míticas y que también quedan en tono ‘light’ es la de “no das el perfil”. Es una manera de echarte en la que te hacen sentir mal. No es un “no nos gustas”, “no vamos a renovarte”… no, la culpa es tuya porque tu perfil no es el adecuado. Que si fuese Cher o Michael Jackson, con las caras deformadas, pues todavía, pero ¿yo?, ¿qué yo no doy el perfil? Que se lo digan a mi novia que dice que nunca voy de cara. Una amiga mía se lo dijeron y, la pobre, algo desesperada, suplicó: “¿Y si me opero?”.

A mí en realidad me despidieron por cuestión de pelas. No había dinero para pagar a todos y nos echaron a unos cuantos. A mí se me ocurrió que con que echaran a dos o tres y repartiesen su sueldo entre los demás ya valía, pero parece ser que “el administrador”, que sabe de economía, no opinaba lo mismo. “El administrador” había decidido que echar a unos cuantos era “lo mejor para la empresa”. Y para él, claro. “El administrador” es ese tipo importante, que viste como los tipos importantes, o sea, bien, y habla y te trata como los tipos importantes. O sea, mal. Es frío, seco, calculador. No le hace falta llevarse bien contigo. Total, si quiere estás en la calle.

Pero él no hace el trabajo sucio. La conversación en la que te comunican tu despido la tienes con tu jefe más cercano, con el que te llevas mejor, para que no te cabrees. Te llega tu jefe y te dice: “lo siento mucho, no me gusta ser yo el que te diga esto, pero hay que recortar plantilla y te ha tocado a ti”. Y tú, como un gilipollas, te compadeces de él. “Joder, qué mal trago para él”. Y entonces llega la frase: “Si, en realidad, estamos muy contentos con tu trabajo”. Ah, claro, ahora encaja todo. Estáis muy contentos… y entonces me despedís. Claro. Ahí lo único que es “en realidad” es que estás despedido. Y se reafirman, para sentirse bien: “No es por ti”. No, claro, en mi caso fue “por mí, por todos mis compañeros y por mí el primero”. Y culpan a un ente. “Es la situación”. Qué grande. “La situación” debe de estar hasta el culo de que le echen las culpas de todos los despidos. Un día llegará y dirá “hola, soy la situación y me vais comer la… moral como sigáis así”. La situación puede ser mala pero ante todo educada.

Y sin comerlo ni beberlo te ves en el paro. Y empiezas a buscar trabajo y un buen día lo encuentras. Te da un subidón de adrenalina y piensas, “por fin estoy de nuevo sujeto a un contrato, a un mísero sueldo y a unas vacaciones que no me dan ni para irme de cañas”. Pero eso sí, tienes curro. Y pasas por delante de la oficina del INEM, de color gris “administración” y sonríes y piensas “¡hasta pronto!”.

12
ene 2009
SECCIÓN Opinión
COMENTARIOS 3 comentarios
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3 comentarios a El color “administración” y algunos eufemismos

  1. Gran artículo, Fernando ;)
    ¡Bienvenido al blog!

  2. Kike says:

    Jajaja, muy bueno Ferni, gran debut. Me siento totalmente identificado, reitero tus palabras.

  3. Javi says:

    “Al fin y al cabo, todos estamos ahí por lo mismo, porque estamos sin curro, lo cual hace que todo sean caras tristes, de desesperación… más o menos como un partido de Atleti. De hecho, si pintasen el Calderón de color gris “administración” pegaría más con el público”

    Jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

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