El refugio

Cuando baja la intensidad de su juego, el Real Madrid es, a ojos de quien quiera, un perfecto glosario para iniciados de sus propias falencias. Que los blancos tienen una marcha muy buena, casi letal, es más que sabido; que el mar de inexactitudes cuando la reducen es de más subjetiva definición, lo podemos entender.Para explicarlo es necesario atender a las cualidades  y carencias de sus jugadores, en esa potencia y velocidad que requieren de una intensidad casi anormal para imponerse. El Madrid, aparte de los conceptos tácticos, pone a prueba a sus rivales y los reta sin paliativos: “o eres capaz de acertar a mi misma velocidad o eres capaz de quitarme y esconderme la pelota”. El Málaga y el Villarreal, ya sobre el campo,  no tuvieron la atención ni la intención de plantearse este dilema en los primeros 45 minutos de sus duelos contra los blancos –apreciando lo sucedido-. Las segundas mitades sólo merecieron la valoración cómoda –sobre todo del lado blanco- del que se complace desde la suficiencia: “¿para qué? Si ya estaba todo decidido…”.

Pero el contraste es demasiado brusco en este Real Madrid, cuando frena en seco. En Anoeta, la segunda parte volvió escenificar la imagen de un equipo que teme sus limitaciones. Cuando la Real Sociedad se decidió a dirimir el asunto con el balón, los blancos apenas fueron superiores y volvimos a ver esas caras que ruegan apiado. En ese  momento, un océano de dimensiones desconocidas se adentra en las mentes de unos futbolistas acostumbrados al éxito sobre una tabla de frenesí. Y no les queda, ni siquiera, el refugio de sentirse como algunos pequeños que en su modo de supervivencia protegen como nadie el balón.

No es difícil alcanzar a ver donde se encuentra el enjundioso secreto de cada equipo. Hasta el más modesto tiene un punto fuerte, ya sea en la figura de un jugador o en la geometría de lo táctico (lo que propone), ese refugio al que antes aludíamos. Pero en el Betis de las cinco derrotas consecutivas no sería tan fácil encontrarlo, para un recién llegado. Las carencias en el sustento de su idea vienen desde lo anímico y lo físico. Los de Mel llevan más de un año insistiendo en una apuesta atractiva pero riesgosa. Después de la maravillosa primera vuelta en la categoría de plata, iniciaron el 2011 con una serie de derrotas, propiciadas por el desgaste del enfrentamiento con el Barcelona en Copa. Sin embargo, se repusieron y la senda de la fe les llevó hasta la competición que hoy disputan.  Y empezaron líderes. Ese brusco contraste de cuatro victorias seguidas con lo que se les vino después marca el salto de calidad de un grupo que viaja con viento en popa cuando tiene todos los sentidos puestos en su objetivo. Si esa efervescencia se disuelve un poco, las sombras se notan más y el perjuicio para sus intereses es mucho mayor que para conjuntos con más recursos técnicos. Por nuestro paladar, es necesario que se vuelvan agitar.

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