En arenas movedizas

Vuelven a la mente las imágenes de Andrei Shevchenko celebrando la victoria de su selección ante la presión que siempre supone iniciar una competición como anfitrión. Una última jornada de apertura de la Euro que nos dejó dos partidos cerrados, con sensación de final, pero, una vez más, muy poco fluidos. La hierva de Kiev acompañó, pero las quejas de los españoles sobre la de Gdansk quedan en poco viendo donde tuvieron que vérselas ingleses y franceses en Donetsk. Si a muchos equipos les cuesta tanto mostrarse, ¿qué podemos exigir si los condicionantes tampoco les empujan a ello?

Los transatlánticos que organizan este negocio se jactan, competición tras competición, de seguir indagando en la innovación en pos del espectáculo, pero, mientras no sean capaces de asegurar un terreno de juego en condiciones, las buenas intenciones se alejan de todo aquello en lo que realmente se fundamenta el juego. Es cierto, la alegría de un jugador veterano, al que casi nadie esperaba y que acaba anotando dos goles, son aditivos que decoran la competición, pero la esencia es otra cosa. Se trata de jugar bien o al azar, y para algunos lo segundo es igualmente espectáculo, aunque nos dejen con la duda de si es eso lo único que les interesa.

Entre tensiones, miedo, desajustes y obstáculos se presentaron los cuatro grupos. España siguió a lo suyo y con la duda de qué pieza rotará partido a partido en ataque; Alemania mostró una versión más espesa y rocosa que en el pasado Mundial; y Holanda comenzó con ansiedad una competición que se exige a sí misma como una última oportunidad. Fuera de los tres primeros clasificados en el último Mundial, Francia, con muchos jugadores interesantes en ataque, se partió como equipo y careció de la velocidad de pelota necesaria para desequilibrar. A Italia se le vieron nuevos bríos contra España, pero es que La Roja es el único equipo que invita a jugar así, a riesgo de que cualquier rival salga malparado, aunque Italia pudiera comprobar que hay vida más allá del miedo. Lo de Rusia fue la velocidad de mente y de piernas que tienen unos jugadores que llegan al torneo en otro momento de forma. Pero aquí no solo cuenta eso y la calidad subestima todos los condicionantes. No tiene más remedio. Incluso cuando haya que desenvolverse en arenas movedizas.

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