En clave Barça-Madrid

Nadie debería obviar que hay una concesión y que esto es un juego. Que un rival reconoce, con su actitud y su planteamiento, que es inferior, aunque sepa que posee unas armas. Y que nadie, nadie prepara un partido sabiendo que va a crear dos ocasiones y que las va a meter.

No fue el caso del Madrid, que creó alguna más, y nunca dirá sentirse inferior al Barcelona. Los de Guardiola (mucho menos) tampoco lo harán, por una cuestión evidente de fútbol, aunque se saben con menos fuerzas que en otros momentos en los que han tenido que afrontar partidos de semejante enjundia.

Regularidad o resistencia. Ante dos rivales potentes que, cuando se enfrentan, muestran dos estilos generalmente opuestos, los mitos se caen por sí solos. Definir el mejor, ante unas propuestas tan palpables para cualquier simple televidente, queda en suspenso. Resistir a los inconvenientes puede ser una respuesta: resistió y ganó. Así que es obligado cuidar, al menos, las evocaciones que puedan acompañar a la denominación de mejor equipo. Algo puede ser de justicia y no ser justo, como incongruencia que deriva de ver perder a un equipo incomparable en su recorrido y superior en su vacilante momento actual.

Por eso, perderse en debates lejos de la perspectiva real no conducen a nada. El aficionado del Real Madrid debe sentirse feliz porque su equipo haya dado un paso crucial para la consecución de la Liga, pero erraría si hiciera una lectura equivocada de la situación. Ante las dudas o las ofensas que puedan provocar el comentario, se invita a repasar el vídeo del último partido, pero, ¿para qué entender? Queda la sensación de que unos, los de un lado, creen en la obsesiva necesidad de recalcar que su fútbol es superior sin atender a los detalles exclusivos del otro partido y otros, los del otro lado, en la enfermiza obcecación de colocarse a la par de los méritos futbolísticos de su máximo rival. Sin dar nombres, es deducible que cada cual se habrá colocado en uno de los costados, como evidencia de esta realidad.

En clave Barça-Madrid los ritmos son casi siempre similares, las notas suben y bajan de tono según convenga. Si cambiamos de pentagrama, el Madrid salió en Munich dispuesto a liquidar su historia en ese estadio y la respuesta fue contradictoria. Intentó presionar al inició y cuando el Bayern, en una de esas, consiguió hilvanar por el centro, las dudas surgieron en un equipo que, cuando gira su mirada al banquillo, siempre encuentra una mirada seria y acomplejada. Siendo justos, el Madrid fue más valiente en Alemania que en Barcelona y perdió. Y lo hizo porque su nivel de contradicción como equipo fue mayor. Un baremo cualquiera para observar lo que ocurra el miércoles.

El Barcelona ataca. Hace sonar la marcha, tanto si sus rivales quieren como si no. Es tan evidente su juego que el debe, esa lupa, se coloca siempre en los últimos metros, allí donde se decide todo y donde suele ser más difícil, aunque tengan algunos de los mejores jugadores del mundo. Porque allí se encuentran el mayor número de piernas por metro cuadrado, más tensas y prestas a tirar de nervio. Allí donde todo se tiene que hacer más rápido y con mayor precisión, y en buena parte del partido del sábado fue así y frente al Chelsea fue siempre así. Solo queda esperar a mañana y ver cómo resuelven los jugadores esos galimatías. Qué variantes propone el técnico para ese último cuarto del campo. Y, por ser precavidos que no quede, a ver si físicamente y mentalmente quedan los catalanes finalmente descompuestos. Porque ese factor motivacional es el que mejor rige los ciclos, o la trayectoria de un equipo que ya es irrepetible.

 

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