En cómo miramos…

Como esos personajes que por su fachada evidente juegan a no mostrar todo lo que realmente son, Sergio Ballesteros ha sido durante toda su carrera todo aquello que muchos creían que solamente era, pero que ha jugado como realmente es. Gracias a su desempeño y liderazgo hoy es la bandera de los aficionados del Levante que, tras derrotar al Betis, le recibieron en Valencia, seguramente desde la ironía, reclamando su inclusión en la selección.

Esa estampa de rudo sabueso del Chicago de los años veinte le ha valido para ganarse muchos buenos papeles en clubes humildes, aunque después de tantos años pocos hayan sabido de sus virtudes para poder sostenerlos con algo más que decencia. Porque el balón nunca fue un extraño para él: lo ha controlado y mareado a su antojo en tantas ocasiones como para que cualquiera lo hubiese visto. Para mí hace muchos años que es de selección.

En cómo miramos está el origen de todo lo que vemos, y hay tanto de intencionalidad en ello… A lo largo del 2007, el pesimismo era la nota predominante en muchas de las grandes firmas del periodismo deportivo en España. Al equipo nacional se le veían defectos por todas partes y una de las zonas que ofrecía más dudas para los entendidos era la defensa. Se incidía una y otra vez en la falta de efectivos ahí y, en no pocas ocasiones, esa presunta escasez se ampliaba a otras zonas del campo. Para otros observadores sin focos era una frustración atender a todas aquellas sentencias de cuestionable fundamento.

Ahora, no hace tanto, se han vuelto a escuchar voces de la misma procedencia ante las lesiones de algunos defensores fijos en la selección. Pero, mientras unos preparan su habitual discurso, otros disfrutan de la sacudida a la red desde más de cincuenta metros de un central zurdo de veinte años llamado Íñigo Martínez (Real Sociedad); de la presencia de Botía (Sporting de Gijón), que aburrió a los atacantes del Barcelona, que acabaron por aburrir el partido; y de Dorado (Betis), tan experimentado como desconocido y especialista en salir porcentualmente limpio y victorioso en las disputas. Todavía no se le conoce despeinado.

Todo eran atestiguaciones del tremendo calor sufrido. Se jugó el domingo a las doce y la fatiga les impedía pararse a pensar en el enorme derbi vasco que habían disputado. El balón se pegó al tapete como nunca y si voló fue para ser excepcionalmente preciso –el pase de Amorebieta en el segundo del Athletic y la obra de arte de Íñigo Martínez-. Habría que viajar mucho hacia atrás para recordar un duelo entre la Real y el Athletic con esa sabia predisposición y talento en el campo. Y tal vez nos perderíamos en la eternidad creyendo en una búsqueda fructífera. Así, apetece más esperar a mañana.

Un comentario a En cómo miramos…

  1. Kike says:

    Yo flipé con Ballesteros hace ya más de 3 años aquella última jornada en el Bernabeu en la que el Madrid tenía que ganar para ganar la liga y el Mallorca se fue al descanso con 0-1 ganando. Vaya partidazo se cascó el tío, todo un crack…

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