Ese tío sospechoso de ahí

Khedira

En el salto de calidad de la selección española de los últimos dos años hay algo que, para muchos, fue un punto de inflexión. Cuando un mar de críticas llovía sobre una selección que se aprestaba para jugar en Málaga uno de sus últimos amistosos antes de la Euro 2008, David Albelda no sabía que esa iba a ser su despedida de la selección.

El valenciano, jugador de brillante y larga carrera en su club, había sido el elegido en los últimos años para resguardar a los Xavi, Silva, Iniesta… Era inamovible en esa posición y Luis Aragonés lo entendía como tal. De gran inteligencia y despliegue táctico, el valenciano era todo lo contrario para el gran público, “ese tío sospechoso de ahí en medio” al que le costaba asociarse con los otros medios, claramente de otro corte.

En España el manejo de balón se ha convertido en la simplificada herramienta para juzgar a un futbolista. La mayoría de los aficionados no se detiene a hacer un análisis pormenorizado para decir si este vale o no vale. En el caso de Albelda, y después de una valiosa trayectoria, fue finalmente Koeman el que dictaminó su no ascenso a la gloria. Aunque, de todos modos, tampoco Luis Aragonés tuvo muy en cuenta sus facultades, y le valió un “no está jugando” para no llevarle a Austria y Suiza.

Han pasado más de dos años de aquello. España se coronó derrotando a Alemania en la final, y después llegó el Mundial, un torneo del que los aficionados buscan también algo novedoso a lo que agarrarse, ese toque de frescura que en este caso, ante la ya consolidada España, lo aportó Alemania.

La joven Mannschaft sigue manteniendo una gran solvencia física, pero tiene tres buenos motores con el balón, como son Özil, Müller y el todo terreno Schweinsteiger. Las responsabilidades con la pelota parecen ser de ellos, pero para que los peloteros puedan moverse con soltura en la zona de ataque necesitan un fiel escudero. Un argumento que también nos lo hubiera dado un entrenador políticamente correcto. Y ahí comienza la animadversión de los aficionados españoles hacia ese jugador fiel, comprometido, para el que la pelota, piensan, es un instrumento extraño.

Ahora que la selección española acaba de proclamarse Campeona del Mundo, el Madrid acelera la contratación del “ángel de la guarda” de la selección de Low. Cuando la roja viene de confirmarse una vez más con casi todos los jugadores que faltan al club blanco, el Madrid, se puede pensar, vuelve a tirar por otro lado y se fija en Sami Khedira (Stuttgart, 4/4/1987).

Sí, ese jugador sospechoso que ocupa los espacios que sus compañeros dejan, que cubre las salidas de los laterales al ataque ante una posible contra. Un futbolista poderoso y ágil, que con su casi 1’90 llega como nadie en las segunda jugadas, y es un balón, pero de oxígeno, para todos sus compañeros. Unos datos y apreciaciones que no dicen nada a muchos aficionados, que se preguntan si no les vendieron lo mismo cuando ficharon a los dos Diarra.

La especialidad de Khedira es el trabajo en la sombra, su función principal y sabe que no puede pretender otra cosa. Pero lo realiza, paradójicamente, con mucha presencia. Porque lee bien el juego, acompaña las transiciones de su equipo en ataque, y sabe tocar de primera. A diferencia de los típicos medios de contención, se hace notar en la progresión del juego, y participa en la buena consecución de la jugada sin aceptar el papel de protagonista. Supongo que por esa razón llamó la atención en la pasada Eurocopa sub-21. No era un pasajero más de la zona ancha.

De verdad. Muchos entrenadores buscan un jugador de este tipo y el problema es que muchos creen haberlo encontrado. Hay una tendencia a la obsesión por cubrirse las espaldas, y no nos damos cuenta de que eso provoca inexorablemente olvidar otras partes que permanecen lastradas. La naturalidad del juego es el balón, y si perdemos ese hilo de asociación entre los futbolistas, los equipos están condenados a la irrelevancia.

16
jul 2010
SECCIÓN Deportes
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