Gerard Deulofeu

Gerard Deulofeu es uno de los mayores talentos futbolísticos que ha nacido en suelo europeo y al que le quedan algunas cosas por pulir. Cualquiera que siga con cierta atención lo que acontece en las divisiones inferiores sabrá que esto es así. Ya no es una frase que debiera sonar desmedida sobre un chico de 18 años. E incluso antes de dar el salto definitivo al lugar que la elite le tendría que tener reservado, su fútbol, para nada habitual, ya levanta opiniones contradictorias entre los aficionados.

La primera cosa que se le achaca es su afán por la acción individual. Es inevitable que un jugador con tal capacidad de desequilibrio lo intente no pocas veces, pero este afán supone ciertas cosas en lo colectivo, que al final es lo que debiera preponderar y en lo que, por encima de cualquier otra cosa, suelen brillar las selecciones españolas.

De ese principal defecto que se le achaca se puede uno cerciorar de que no hablamos de un talento cualquiera. Porque en muchísimas ocasiones anuncia a su defensor por donde va intentar superarlo y, sin embargo, con un gran porcentaje de efectividad, lo consigue. Ahí hay un arma que no se puede desaprovechar, aunque la capacidad de sorpresa sobre el rival siempre será el mejor recurso.

La siguiente inquietud que se produce tras observar a Deulofeu es su proceder cuando el juego no pasa por uno de los costados que él ocupa. En este sentido, es cierto que cuando realizamos un seguimiento pormenorizado al mejor jugador del Mundo, Messi, podemos apreciar también cierta sensación de apatía, cuando el juego se aleja de su zona de influencia. Y aunque no queremos hacer comparaciones en cuanto a cualidades, porque el argentino es un futbolista que maneja casi con la misma profundidad la acción individual que la asociativa, es más fácil ejemplificar con ese jugador único.

La diferencia entre el genio y el prominente atacante es el mayor radio de acción del primero. Deulofeu se muestra estático, inclinado a un costado, y da la sensación de estar cargando baterías para una de sus acciones explosivas. Esa simpleza en el desarrollo de sus cualidades no le beneficia a él, en una etapa clara de desarrollo, aunque sea la última, pero tampoco al estilo de juego del equipo.

España ha contado en los últimos años con jugadores de enorme talento en la mediapunta y otros que están comenzando a emerger ahora. Deulofeu se incluiría dentro de todo este ramillete de futbolistas, con el soslayo de que la mayoría de estos utilizan el pase para solventar  situaciones que su velocidad o potencia no pueden. Pero a su vez esto supone un arma, ya que, al no perder el balón, como se viene repitiendo últimamente, el rival se va desgastando.

Al joven Sub-19 la genética y su entorno le concedieron unas cualidades físicas extra que son el motivo de estas líneas, aunque la línea recta no es la más directa en este juego, algo que aminora el alcance de su arma más recurrida. Irónicamente, la exuberancia en las prestaciones del jugador tiende a recluir al mismo en un deporte que va perdiendo sentido si se aleja de lo colectivo. De ahí que el fútbol, ante situaciones como la progresión de Deulofeu, se muestre como un universo todavía en su infancia evolutiva.

Solo hay que tirar de imágenes en su etapa alevín para ver que su elasticidad en el desarrollo del juego dejaba una mayor sensación de convicción en lo colectivo. Podía iniciar el juego y a la vez finalizarlo, con esa rotundidad en los últimos metros.

Con el paso de los años, de alguna manera esas cualidades superlativas se descontrolan por una insistencia de controlar todo lo que sucede en el terreno de juego por parte de los técnicos. Indudablemente, el jugador diferente se revela futbolísticamente porque siente que tiene respuestas para todo, aunque su radio de acción se ve acotado hasta el punto de limitar la creatividad, que es lo que pide de forma natural el desarrollo de un partido.

Por eso, cada vez que vemos controlar la pelota a Deulofeu, uno se cerciora de que su arrancada no es un reto al rival, sino a todo lo que está a su alrededor. Así que si algún día encuentra un resquicio de paz, podremos ver la dimensión de este jugador. El fútbol nos deslumbra en la explosividad, pero nos ilumina en la pausa.

04
jul 2012
SECCIÓN Deportes
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