Hilvanando

Decepción, esa es la palabra. La decepción puede acabar en llanto, rabia y hasta ira. Y se puede fundamentar de muchas maneras. En ocasiones se quiere explicar lo inexplicable y perdemos, en nuestra valoración fría, la perspectiva más real de las cosas y que parte, entre la nebulosa de los sentimientos, de lo más inalterable: el tiempo. Para los momentos fugaces, caducos, y para los grandes recorridos.

El tiempo nos puede cambiar, pero no hay marcha atrás.

Las caras de los jugadores del Bayern al final del partido no son solo el rostro de la derrota. Por si no fuera bastante jugar una Final de Champions, se le añadieron aditivos que hoy podemos corroborar de nuevo que son difíciles de digerir. Como si en ocasiones el fútbol y sus marcos, las competiciones, no fueran suficiente y tuviésemos que añadirles más ingredientes. Al final queda un empacho del que bien saben en los últimos días los jugadores y aficionados del equipo alemán, tras la derrota.

Jugar en casa fue una sobrecarga que no compensaron las buenas intenciones de su planteamiento. Saldrán más curtidos y a la vez dolidos por no haber superado a un equipo que nunca demostró ser mejor que ellos. Las experiencias, el tiempo, les va a hacer cambiar. Pero no hay marcha atrás.

El Bayern coquetea en estos momentos con dos realidades: la de ser un equipo para intentar pelear de vez en cuando por los títulos, gracias a su jerarquía, o la de iniciar un recorrido de mayor entidad. Tiene algunos jugadores jóvenes que transmiten viabilidad para la segunda opción (Müller o Kroos), pero también tiene un rival en su propia tierra que le supera en estructura de juego: el Borussia Dortmund.

Este último, el equipo de Klopp, puede discutir con cualquiera que diga que cuenta con los mejores jóvenes del Alemania. Y a estas alturas no debería dudar ni un minuto en aferrarse a ellos. Vive un momento de éxitos al que solo se puede aspirar y prever si uno es habitual de la primera realidad, la que suele escoger el Bayern, aunque siempre parezca coquetear. Dos temporadas no son suficientes para más aseveraciones, pero la experiencia, el tiempo, debería servirles para constatar su trabajo.  Tener dudas es como dar marcha atrás, y eso es imposible.

Por su parte, el Bayern es una institución plagada de éxitos a lo largo de su historia. Lo del sábado fue una gran decepción para un equipo que ha jugado nueve finales de Copa de Europa a lo largo de sus 112 años de vida. En todas esas décadas, los bávaros, como cualquier otra entidad digna de recuerdo, dividen su recorrido en generaciones, en equipos con una estructura de fútbol y de jugadores homogénea, y así quedan sellados en la memoria de los aficionados.

La decepción es una palabra poco acorde con la inmensidad del tiempo. En lo futbolístico se puede utilizar para definir momentos, y un recorrido puede tener muchos momentos decepcionantes, pero cuesta creer que hilvanando uno con otro se pueda cerrar el círculo que representa un periodo.  A una buena parte de los jugadores de este Bayern les queda demasiado tiempo como para exigirse solo llanto, rabia e ira.

Un comentario a Hilvanando

  1. Kike says:

    Menuda chamba tiene el Chelsea y Di Mateo. Vaya Champions se ha encontrado Abramovic…
    Pero me alegro x los españoles y sobre todo x Mata, q falló su penalty.

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