Hoy las radios, mañana…

Acceder a escuchar un debate donde uno pueda sacar una conclusión mejor sobre la disputa de los derechos del fútbol es casi como quedarse quieto, totalmente abstraído, y formarse una idea, sobra decir, subjetiva.

Acabamos de dejar la disputa por el convenio entre jugadores y clubes que retrasó la primera jornada y nos adentramos en una nueva aventura: el canon que se quiere hacer pagar a las radios por retransmitir los partidos de la Liga.

El fútbol (en España y es de suponer que en algunos otros países) lleva años probando fórmulas de venta para poder ser más rentable. En nuestro caso, las ideas, en la mayoría de las ocasiones, han sido copiadas de otros lugares, pocas veces se ha hecho un verdadero análisis de la situación desde dentro, no sólo con el fin de lucrarse y sí de ayudar al crecimiento organizativo en pos de una mayor riqueza estructural. No, digamos que la idea elemental, por vulgar, era que en tal país están sacando tanto dinero haciendo las cosas de esta manera, así que vamos a probar aquí.

Todas estas situaciones (disputas futbolistas-trabajadores contra empresas-clubes, derechos de televisión, cánones que se exige pagar, etc…) llegan al oyente en un tono de crispación, casi siempre ya desde la denuncia y no desde el anuncio de quien hace la propuesta, plantea o exige que las cosas sean de una u otra manera.

En el caso español (no hace falta comentar que en el resto del mundo los procesos no difieren demasiado, tal vez los pasos sí) cualquier medida que afecte a quién sea es recibida como una ofensa terrible. Cada uno mira por lo suyo y de lo de los demás ya se apañará cada cual. El poder económico, o el acceso a la toma de decisiones que mueven el mercado, se ve como un logro que agiganta las ansias acumulativas y desprecia el beneficio común.

Desde los distintos canales difusores de información se trabaja denodadamente para que esa realidad se grabe a fuego en la audiencia. Cada vez que asome algo negativo para sus intereses, siempre habrá un pez más grande que les amenace. Un juego que ya no debería ser perverso, porque no hace falta ir a ninguna facultad para saber que los grandes grupos comunicativos son los que protagonizan la mayoría de estas disputas y para diferenciarlos sólo hay que contar los ceros que les cuelgan de la cola. Sin embargo, saben de la buena intención de la audiencia que sólo busca compañía para algunas de sus horas.

Avanzar sin mirar el origen, la proveniencia de este pastel. Ese siempre será el camino equivocado. El argumento de que hay que modernizarse ya no esconde (ni siquiera cuando no sea el caso) la avaricia por tener más.

Las radio pelean hoy por no pagar una cantidad que consideran desorbitada e injusta (en España no han pagado por entrar en los estadios a retransmitir hasta que se ha creado esta tasa). Desde algún prisma, su defensa es lógica, pero los medios de las ondas son partícipes de este juego económico que siempre intenta progresar a favor de un incremento de los beneficios monetarios. Aunque su batalla no se queda ahí.

La propietaria de los derechos televisivos, Mediapro, ha diseñado un calendario de partidos para esta temporada que se despliegan en diferentes horas desde el sábado al domingo. Algo ni mejor ni peor, en general; beneficioso por un lado y perjudicial por algún otro. En el caso de los programas deportivos de radio esa situación se convierte en una tremenda incomodidad, teniendo en cuenta de que antiguamente la mayoría de los partidos se daban a la misma hora y convertía en el soporte ideal para los domingos el espacio de la jornada liguera.

Hace pocos días, cuando se conoció la parrilla de horarios para la tercera jornada de Liga (la segunda realmente), las radios lo anunciaron bajo un tono de crítica, con el argumento de que es un caos, que así es difícil seguir la competición y que rompe los hábitos de los  seguidores durante el fin de semana. No se escuchó a ninguna emisora señalar, como argumento principal de su queja, que así su programa de fin de semana pierde contenido y consistencia y requiere de un mayor despliegue horario y de medios, con el consiguiente gasto económico.

Todas estas evidencias en el mismo saco de los despropósitos hacen que cualquier verdad mezclada entre los deshechos pase perfectamente inadvertida. ¿No se tratará de eso? Utilizar la verdad como la más perfecta de las mentiras.

05
sep 2011
SECCIÓN Deportes
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