Informe Selección Sub-19

Cuando apenas falta un mes para el Torneo de Élite Sub-19, Julen Lopetegui vuelve a reclutar a los suyos para una de las últimas sesiones preparatorias antes de viajar a Italia. Hablamos de otra hornada en los escalafones de formación de la Selección Española, pero, en este caso, formada por muchos jugadores mayores de edad, algo que no es anecdótico y cabe razonar. Sin desmerecer, además, que en año par la Sub-19 se juega la clasificación para un Mundial y la plantilla cuenta con un potencial casi inabarcable.

Solo hace unas semanas que la selección Sub-17 se ha quedado fuera por segundo año consecutivo de la fase final europea de la categoría y desde el cónclave que forman los técnicos de las inferiores federativas se ha marcado con fluorescente el reto de finales de mayo. Y es coherente que así lo hagan, como interinos y tratándose de objetivos eminentemente corporativos que no debieran ser demasiado publicitados, aunque otra cosa es la visión de esta situación que se tiene desde fuera y la valoración que se hace.

No son exclusivamente palabras que visten bien las que suelen acompañar a los resultados en los escalafones de formación. Aquello de que el resultado no es tan importante hoy suena más que nunca a excusa, vista la forma con la que los medios se prestan a valorar. Si bien el ganar siempre tiene su importancia, en este caso es formativamente convincente tenerlo en cuenta porque permite seguir compitiendo. Si se pasa de una fase a otra, son algunos más los partidos a disputar por chicos de 16 o 17 años, a los que no están tan acostumbrados y que les acabarán forjando para el futuro.

Hoy algunos medios no miden la valoración que se hace de las derrotas en niveles inferiores. En una época de bonanza en nuestra selección sería conveniente no perder la perspectiva y desde la responsabilidad, tanto desde medios privados como desde la Federación, medir las conclusiones que se ofrecen y transmitir la naturalidad de un deporte en el que la derrota es la más común de las rutinas.

Y aunque hablamos también de jugadores que están por pulir, la realidad de la Sub-19 no es la misma. De la última lista de 20 nombres facilitada por el seleccionador solo el 20 por ciento no supera la mayoría de edad. Evidentemente la exigencia y la responsabilidad ya no es la misma. Incluso en el caso de aquellos que no han alcanzado los 18, su realidad ya es similar a la de sus compañeros, porque ellos y sus clubes ya han decidido que van a ser futbolistas.

Grimaldo y Deulofeu

Alejandro Grimaldo llegó al Barcelona hace algunos años procedente del Valencia. Su posición original era la de medio abierto a la banda izquierda, aunque hoy es uno de los laterales izquierdos con más progresión de nuestro fútbol. Un ejemplo claro de esto es la llamada para la última convoctoria, teniendo en cuenta que es dos años menor que la mayoría de los convocados por Lopetegui. Destaca por su actitud y concentración, además de su capacidad para recorrer toda la banda varias veces durante el partido. Aunque es un jugador fibroso que ha desarrollado ese nervio antes que sus cohetáneos, no destaca por una exagerada explosividad ni por una excelsa técnica. Es un futbolista despierto y con habilidad.

Al igual que ocurriera con Gerard Deulofeu el año pasado, Grimaldo viene de quedar eliminado con la Sub-17 para saltar dos escalones. Tanto en el Barcelona como en la Federación saben desde hace tiempo de las cualidades de este zurdo que con 15 años ha debutado esta temporada en Segunda División, pero sería interesante no dejar pasar por alto un dato: en el último partido de Ronda de Élite Sub-17 disputada en Georgia, Grimaldo actuó más adelantado y fue el encargado de abrir el marcador en la goleada frente a Inglaterra. Digamos que en un principio se pensó que podía llegar a ser un gran lateral, pero hoy, en el desarrollo de sus cualidades, se muestra muy desequilibrante en una parcela más adelantada del campo, donde, en un espacio más reducido, puede dar más brillo a su potencia. La habilidad la tiene porque empezó jugado allí y los orígenes tiran. En principio, de todos modos, viajaría como lateral.

En el caso de Deulofeu, las imágenes que pueda haber en internet de aquel incipiente jugador no engañan. Un futbolista de ataque de un talento difícil de abarcar que aúna potencia, velocidad, habilidad y golpeo, además de ese carácter esquivo que acompaña a los jugadores exclusivos. Repasando aquellas  ya viejas imágenes de benjamín podemos ver casi todo lo que le observamos ahora, aunque en aquellos primeros años arrancara desde cualquier zona del campo. Hoy, partiendo desde los costados, podemos apreciar su conducción de balón, la base de su juego, pero observamos también a un jugador más anárquico, al que en cierto modo se le acota el radio de acción y el recurso más a mano que tiene es su reconocidísmo uno contra uno.

Deulofeu es muy vivo en cuanto el balón ronda su radio de acción, pero es cierto que ha ido dejando de lado aquellas otras facetas que complementan para ser un futbolista más solicitable –valga la licencia ante tamaño talento-. Todas esas situaciones del juego que lee y comprende ya Grimaldo, son una asignatura que Gerard va dejando para próximas convocatorias. Pero si el maravilloso atacante es también patrimonio de una institución, la responsabilidad en su completa formación no sería solo exclusiva de él. Futbolísticamente hablando se le puede incentivar desde la responsabilidad con el balón. Sin duda, por su capacidad, desplazarle hacia una zona más retrasada y hacia el centro, donde mezclar acciones de riesgo y administrativas es habitual en un sistema de juego como el que utiliza el club catalán, despertaría otras inclinaciones y lecturas del juego que por sus orígenes es capaz no solo de solventar, sino de aportarlas con ese toque plástico que solo él posee.

Anarquía y toque

Jesé por una banda y Deulofeu por la otra. Como en los últimos años, en 2010 los fieles seguidores de las categorías inferiores se aprestaban a seguir a una selección Sub-17 que contaba con un valor añadido al clásico buen manejo de pelota de nuestros equipos. Hoy, vuelven a coincidir en la Sub-19.

Habitualmente, el arma principal para encontrar los espacios ha sido la circulación ágil y precisa del balón, pero de vez en cuando aparecen jugadores capaces de romper líneas con una explosiva y eficaz conducción. Cada cierto tiempo, en los países con mayor tradición futbolística, suele irrumpir algún jugador así, en el caso de España, la fase final de Liechtenstein alumbró a dos atacantes que se fueron turnando en sus brillantes galopadas. Es difícil predecir cual será el devenir de sus carreras, pero la materia como esa estirpe de futbolista la tienen.

Sin embargo, analizando esas cualidades desde lo grupal, se definirían friamente como un arma más, auqnue efectiva, dentro de la variedad de recursos ofensivos que tienen como fin crear distracción en los rivales, para crear espacios o superarlos de diferentes maneras. Esa compensación en la utilzación de recursos ofensivos es un debe en una época en la que el fútbol se ha visto inmerso en la proliferación de sistemas tácticos en los que el balón ha tenido una importancia relativa. Y si hablamos de categorías de formación, la irrupción de un jugador con gran capacidad de desequilibrio suele suponer el mismo atenuante de inseguridad en el orden de su propio equipo, que muchas veces no sabe como acompañar o responder ante unas cualidades que deberían ser, en principio, beneficiosas.

En ese momento, la anarquía se asocia al juego de un conjunto ante la falta de respuesta para encauzar ese derroche de cualidades; es en las situaciones en las que la falta de capacidad inhabilita o desprecia unas virtudes que no son ni más ni menos que un regalo para las opciones de un equipo. Lo que hace pensar que muchas veces la capacidad organizativa se ve superada por lo que debiera ser el principio de todo once: el jugador.

En el caso de España y de algún club como el Barcelona, la supervivencia de este tipo de jugador no se ve amenazada, si acaso todavía se está en vías de alcanzar su potencial aprovechamiento. Mientras, el balón sigue corriendo más rápido al desplazarlo con un pase que no a base de insistir en la conducción.

Generación del 93

Después de dejar atrás algunos problemas alejados de lo concerniente a la pelota y él, Jesé se ha asentado como titular en el Castilla, algo que agradece la selección, entre otras cosas, en lo concerniente a la improvisación que el canario aporta. El delantero es uno de los clásicos de la generación del 93, que forma el grueso de la lista. Los Jonás, Campaña, Juanmi, Suso, Alcácer, Bernat, Derik u Ortola llevan más de tres temporadas trabajando juntos en Las Rozas. Jesé, por talento y potencia, podría representar perfectamente las cualidades de una generación variopinta, que marca una frontera con los jugadores talentosos de las anteriores generaciones.

La de los nacidos en 1992 destaca por el buen trato de balón, con una intención que apenas distancia lo académico de lo imaginativo, de sus jugadores más ofensivos. Y si bien es un año mayor a la del 93, a uno le da la sensación que esos talentos siguen practicando un fútbol de patio de colegio, y el de la nueva generación, por el contrario, da la sensación de mayor madurez, sobre todo por los rasgos físicos de sus jugadores y por el contraste de cualidades entre unos y otros. Aunque estos puedan parecer jugadores más hechos, se trata de una apreciación más acorde con la estética aparente que con su validez como jugadores. Hablaríamos de un mestizaje futbolístico que se aleja de una habitual homogeneidad.

Del europeo Sub-17 de hace dos años continúan nueve de los 20 convocados, y hay que tener en cuenta que dos, Saúl y Deulofeu, son del 94 y ya estuvieron en Liechtenstein, por lo que solo 7 son de la generación titular a la que correspode esta nueva edición de la Euro Sub-19. De los que están en esta lista previa y no participaron, Derik, el gaditano Suso y Juanmi eran habituales, pero en el caso de los dos últimos un presunto caso de indisciplina en la Ronda de Élite les privó jugar la Fase Final. Derik, por su parte, tuvo problemas físico en aquellas fechas.

Los tres son un clara muestra de la diversidad física y estética de esta generación y su vez de la convocatoria. Mientras Derik es un robusto y contundente defensa de origen africano, con buena salida de balón, el jugador del Liverpool, Suso, es un zurdo pausado, con visión de juego, que tiene por ídolo a Guti. Juanmi, goleador en Primera con el Málaga que está contando menos para Pellegrini, es un rápido y pequeño delantero con buen control de pelota que puede jugar, como lo hace Villa, partiendo desde una banda.

Pero hay novedades en las últimas convocatorias que también son interesantes apariciones y el caso del bético Nono es recalcable. Campaña, al que en el Sevilla tienen mucha confianza, siempre ha sido un fijo, escudado por el mallorquín Sergi Darder, por el tinerfeño Omar Mascarell o por el talentoso organizador del Athletic, Ruiz de Galarreta. Los tres han ido contando para los seleccionadores incluso desde la categoría Sub-16, pero en las últimas listas Sub-19 el nombre de Nono es el que está figurando y los otros nombres han dejado de aparecer. Parece ser que en la retina de los técnicos ha prevalecido más la capacidad de dar continuidad al juego de toque de este talentoso medio que acaba de renovar con su club.

Otra de las adquisiciones del grupo es el central del Deportivo, Pablo Insúa. Durante la temporada pasada ya adquirió galones en el filial coruñés y unos meses después parece estar en el grupo de favoritos para ocupar un puesto en el centro de la defensa gracias a su agilidad e intuición en la marca.

Otro defensa, el levantinista Iván López, ha pasado la reválida de los últimos amistosos y concentraciones. Ha llegado a debutar con el primer equipo en partido oficial y la confianza que tienen depositada en él desde su club se ha contagiado a los seleccionadores.

De ahí aparecen hasta siete jugadores nacidos en 1994, una generación que no tuvo suerte en la clasificación para el Europeo Sub-17 del pasado año y que a su manera también ha sufrido una revolución, porque cuatro de ellos no estuvieron en el Torneo de Elite que se disputó en Bélgica y ahora pasan directamente a engrosar el combinado Sub-19: se trata de Jonathan Castro, lateral del Celta; el portero del Athletic de Bilbao, Kepa; el gran talento colchonero Oliver Torres; y un lateral derecho de gran recorrido, también rojiblanco, como es Manquillo.

La presencia de Torres aporta dinamismo a la selección por esa necesidad de estar permanentemente en contacto con el balón y la precisión para repartir el juego. Aunque diestro, es un futbolista con unos movimientos asemejables a los del canario Silva. Pero a diferencia del jugador del City, el atlético ha ocupado zonas más de referencia, retrasadas, para mover al equipo, sobre todo en su club. En la selección ha intercalado esas labores con otras más adelantadas. Por su magnífico control y manejo del balón es capaz de aproximarse al área con peligro y causando sorpresa. Aunque ha progresado en lo físico, es un futbolista que sobrevive gracias a su enorme calidad técnica.

El caso de Jonathan Castro se asemeja al de Torres. Los técnicos de la federación han centrado una parte del trabajo de los últimos meses en la búsqueda de medios que puedan relacionarse con Campaña en las labores organizativas y en la preservación del estilo de juego, pero también en la búsqueda de defensores, que han ido variando según se iban ofreciendo las últimas listas. Castro, o Jonny, como le conocen en el Celta, ha contado en las últimas fechas para el primer equipo que lucha por volver a Primera División y es un fijo en filial de Segunda B.

La tipología de delantero

Alcácer es la referencia en cuanto al gol de este equipo. Figura clave en la Final del europeo del año pasado en Rumanía, es un delantero sin demasiada altura pero robusto, con buen control del balón y goleador gracias a una buena intuición en el desmarque. Pero a diferencia de lo que ocurrió en Rumanía, es el único delantero de referencia en el que los técnicos tiene depositada su confianza para este grupo. Cierto es que Juanmi puede jugar arriba, pero la velocidad y el buen manejo del malagueño han ido retrasando cada vez más su posición. Tampoco sería descartable ver a Jesé en esa posición, gracias a su velocidad y capacidad anotadora.

Pero el valencianista estuvo acompañado por la gran capacidad de un delantero como Álvaro Morata, que tiene todas las condiciones para brillar en esa posición de referencia en ataque. El madridista era el nueve titular y realmente fue Alcácer el que apareció, en los minutos finales, cuando el equipo necesitaba anotar. Aquella selección también contaba con la solución de otro delantero alto, como es el atlético Borja, que en un principio era el titular de la generación del 92, pero ante la gran progresión física y técnica de Morata ha ido teniendo menos participación.

La Copa de Campeones, un nuevo caladero

No es descartable la aparición de algún nombre antes de la lista definitiva de mediados de mayo. No solo las decisiones se han motivado desde la apreciación técnica, y en este punto cabe reseñar la baja por lesión de un jugador llamado a ser clave para este grupo, como es Álvaro Vadillo. Con tan solo 16 años se hizo con un hueco en el primer equipo bético y una desafortunada lesión del ligamento cruzazo en el Bernabeu le ha tenido parado hasta hace unas semanas.

El caso del gaditano es especial. Si bien Jesé y Deulofeu pueden considerarse el furor atacante del equipo, el bético no se aleja mucho de ellos en esa capacidad desequilibrante gracias a una técnica y un físico, que va a más, ideales para la práctica de este juego, sobre todo desde la banda. Sin duda es uno de los mayores talentos surgidos en los últimos años en el fútbol español por lo que es y por la capacidad de progresión que se le observa. Algunos asemejan su manera de desenvolverse a la del argentino Di María, aunque difieren algo en la conducción del esféricoA buen seguro, si coge el ritmo a tiempo, puede ser pieza fija para el Torneo de Elite.

Otro bético, Ezequiel Calvente, fue el aire fresco del europeo de la categoría de hace dos temporadas. Un jugador que nunca había sido internacional, o tenido en cuenta para las citas oficiales, y que llamó la atención en la Copa de Campeones en categoría juvenil que se disputa cada temporada en el mes de mayo. En aquella ocasión, en Benidorm, los seleccionadores hicieron una excepción.

Habitualmente, compitiendo en la categoría juvenil, los jugadores destacados en un club son los que disputan su primer o segundo año a ese nivel, o incluso son todavía cadetes. Se entiende que si un juvenil de último año es un jugador destacado, ya participará de forma regular en una categoría superior, ya sea en el filial o en el primer equipo. Pero la proliferación de talentos -nunca ha producido tanta cantidad jugadores con un importante potencial la cantera española- ha hecho que a los seleccionadores se les escapen jugadores, que no formaban parte del número de talentos que suelen formar el grueso de cada generación con la que trabajan, y que gracias a esta competición juvenil pueden ser observados a un nivel competitivo importante.

Sería injusto no ponerlos al nivel de otros representantes de diferentes clubes, pero, aunque solo valgan como ejemplo para mostrarlo, los casos de Patricio Gabarrón y Jordi Quintillà en el Barcelona son muy visuales. Han hecho una temporada interesante con el juvenil de Óscar García, quedando segundos en la última jornada por detrás del Espanyol, pero han clasificado para la Copa de Campeones al ser el mejor segundo de todos los grupos de la División de Honor. Se trata de dos centrocampistas de buena labor organizativa y que poseen también esos típicos rasgos de la escuela barcelonista, como la generosidad en el pase, el sentido de la profundización y el control de balón, aunque el murciano Gabarrón cuenta con más fuerza en la llegada.

Los dos son del año 93 y se han destapado como dos jugadores de garantías, sin estar dentro de las mayores esperanzas del club ­­-algo que ya ha ocurrido con Busquets, Pedro, Cuenca o Tello- y han destacado tanto en la competición regular como en la oficiosa Champions Juvenil, Nextgen Series, que han disputado esta temporada.

Los dos juveniles cules son solo un ejemplo de lo que ha proliferado en la categoría en los últimos tiempos y es en la Copa de Campeones donde los técnicos pueden cerciorarse de esta situación.

Una buena medida

En pocas semanas, los juveniles deberán competir con las miras puestas en la posibilidad de jugar un Mundial, como el de Turquía el año próximo. Y sin lugar a dudas, el grupo con Italia, Bélgica y Armenia será una medida de nuestras posibilidades. Porque Italia de local nunca es fácil y Bélgica fue un equipo que hace dos años no apeó a los nuestros de la Fase Final Sub-17 por una carambola en la última jornada. Armenia será el sospechoso invitado de turno que abrirá la compteción contra los nuestros.

Posiblemente España es la selección más talentosa en Europa a este nivel, pero los condicionantes de este grupo clasificatorio exigirán el máximo del equipo para pasar a la fase final, ya que solo lo hará uno. Ya allí, en Estonia, cinco o seis de los ocho participantes se clasficarán para el gran objetivo, a parte de intentar conquistar el título continental: jugar un Mundial Sub-20.

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