Isco/Dani Ramírez/Oliver Torres

Con solo veinte años, Isco (Arroyo de la Miel, 21/4/1992) ha logrado un escenario. Tendrá días mejores, y otros peores, pero cada semana o cada dos, un público fiel acude ya a un acto en el que el fútbol se deshace de lo más mundano.  La palabra competición desaparece de las ansias de los aficionados que aguardan a que su joven genio decida diferenciarse del resto con ristras de arabescos. Con ese andar que no es estético, hasta que asciende gracias a ese posterior control al mirador de esos pocos que deciden cómo y cuándo. De aquellos que improvisan sin que se note una variación en el papel.

(El enganche malagueño cerró la goleada de su equipo frente al Betis. No fue académico, ni siquiera letal, solo dejó claro que sobre el campo hubo 21 hombres y él)

Dani Ramírez (Leganés, 18/6/1992) no lleva galones de primer espada. Los focos que iluminan a las promesas suelen tener direcciones prefijadas que muchas veces son difíciles de desviar, aunque no imposible. El atacante blanco no ha sido observado con los ojos del anhelo, y eso que su zurda se alista a todo. Es afilada en el regate y contundente en el golpeo. No elude el reto. No es su perfil y sale al campo a adaptarse a lo que el escenario demande. Aunque no parezca su intención, casi siempre sobresale.

(El jugador del Real Madrid C, con sus dos goles, fue el artífice de la victoria en terreno del Guijuelo. Su futbol camaleónico se hizo notar irremediablemente)

Como un flash que se pierde en la oscuridad, el pase natural de cuchara de Oliver Torres (Navalmoral de la Mata, 10/11/1994) frente al Atlético Nacional dio paso a un extraño vacío. Y es cierto que entre medias debutó en Liga, pero ya parecía estar inmerso en ese raro impase. Ahora, esa faz de alumno despistado tampoco puede disimular su naturalidad en cuanto vuelve al campo. Su juego nació en un descampado de tierra, y antes de hacer cualquier cosa, él fue el poseer una salida por cualquier lado. Con el balón.

(Aunque entró en la segunda mitad, le bastaron dos minutos para limpiarse la presión rival y, devuelta una pared, definir como jugador de calle por encima del portero. Fue el primer triunfo en casa del filial atlético)

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