Isco/Tello/Jesé

Solo al final de un partido sin genio, Isco (Arroyo de la Miel, 21/4/1992), con dos cabriolas que eliminaron contrarios, volvió a buscar lo que hasta hoy se puede decir que es el destino de su juego: la portería. Porque el día no tuvo que ser en San Mamés y sí en el debut, unos días antes, en la máxima competición continental. Allí donde el técnico visitante, Spalletti, dijo después que no estaban “preparados para esto”. Y concretó, muy serio, que no quería personalizar  en una figura rival y que se debía de “hablar de todo el equipo”. Pero la iniciativa individual es la que empieza a sumar en lo colectivo y hay gestos evidentes que reniegan de lo funcionarial. Isco es diferente, aunque no se quiera. Y no especula, a día de hoy casi siempre busca la portería.

(Aunque solo dejó detalles de su clase en Bilbao, fue en la Rosaleda frente al Zenit donde “sacó todo su muestrario”: dos goles y un sobresaliente manejo del balón)

Quién sabe si Tello (Sabadell, 11/8/1991) debería de estar agradecido a la vida. Es cierto, siempre fue una promesa, incluso desde esas primeras imágenes como alevín. Un delantero, pequeño y escurridizo, con la portería siempre en la cabeza. Pero tras esa imberbe explosión, la llama perdió aliento. Siempre ha tenido el mismo instinto, pero, parece mentira, la “cápsula” no le acompañó durante algún tiempo. Ese fútbol que intentaba no salía bien parado del choque con el rival. Dejó el Barcelona y el Espanyol sí creyó que con su talento bastaba. Y de repente ese cambio. Hoy todavía intenta irse hacia el centro, y aún se atreven a reclamarle que se pegue a la línea de cal.

(El hoy extremo fue el mejor del Barcelona, incluso cuando a su equipo se le nublaron las ideas en Champions. Abrió el marcador y fue un alarde de potencia)

El primer gol ante el Guadalajara de Jesé (Las Palmas, 26/2/1993) -uno de tantos- es una buena definición de esa relación entre ambos. Arrancar desde el medio campo; deshacerse del hostigamiento del rival con un sombrero; alcanzar la corona del área; y que los pulmones le digan a uno que sí. Porque las jugadas de largo aliento se dividen en dos partes que diferencian a unos jugadores del resto. Es ahí donde a unos se les satura el sistema y otros resuelven como si nada de lo anterior hubiese sucedido. Regatean al portero y marcan, y uno sabe que aunque el partido no dé opciones, ellos aparecerán para que las apariencias no tengan sentido.

(En un partido loco, el canario aportó dos goles y otros detalles para la victoria del Castilla a domicilio. Ya es el goleador de la categoría)

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