Iturbe sólo quería jugar

Juan Iturbe (Buenos Aires, 4-6-1993), triste y resignado,  no mira ni de reojo la citación de Hugo Tocalli para el próximo partido de Quilmes. Hay un lío tan grande montado a su alrededor que ya sólo, como cualquier crió de 17 años, se fía de los instintos más primarios; en lo que le ocupa: jugar.

¿Por qué tenía que correr tan rápido en un mundo en el que las metas no son para nada diáfanas? Y es un ejemplo más de lo que se ha convertido el fútbol sudamericano. Si es el granero de Europa, y orgullo de todos los pueblos desde Guadalajara hasta Puerto Madryn, ¿por qué hipotecar esa acreditada distinción?

Pocos le han visto

Y al final sólo nos queda los nos dicen de él. Porque, lógicamente, muy pocos han visto jugar a Iturbe. El representante, para calmar la impaciencia del jugador sin licencia (desde que abandonó Cerro Porteño, su club de formación), se apoya en la publicidad que pueda conseguirle, y sólo se le ocurre el apelativo de “Nuevo Messi”. Otro favor más al chico.

Si muchos adolescentes llegan ahora de América después de destacar en tres o cuatro partidos, en el caso de Iturbe es posible que aterrice de oídas. Todo por los titulares, gracias a una cadena de favores, en diarios de prestigio.

Hoy pocos valoran el trabajo que se realiza tan abajo. La mayoría de la gente piensa que el talento de cualquier jugador sudamericano se fundamenta más por el toque de una varita que por los mandamientos sostenidos por una historia y por una manera de hacer las cosas.

Con el comentario hecho sentencia de que “a este no se le puede enseñar nada porque ya lo sabe todo” llegan muchos a Europa, convencidos de tanto, que un día, no muy lejano, se les olvidará de qué. Y da igual, al final acaban progresando los que realmente tienen condiciones, y no todos.

¿Precocidad = injusticia?

Iturbe, de origen paraguayo, es un jugador precoz más. No son pocos lo que debutan hoy a los 16 años. Son muchos menos los que se mantienen sin grandes altibajos. Hace pocas semanas, Jonatan Valle, en una entrevista a la Cadena Ser, reconocía que se abandonó entre los 15 y 18 años, periodo clave en la formación física de un jugador.  Hablamos de un futbolista criado en el Racing de Santander y que prometía como pocos. Un talento inusual que carga con un lastre del que todavía se está intentando librar.

Una realidad que no debería ser culpa, y menos por la injusticia que pretende esconder. Se trata de niños a los que se les pide crecer de golpe, y no se les puede cargar con esa responsabilidad.

A Iturbe, sus agentes y familia, le han empujado al punto de partida de un reto mayor. Además de la dificultad que conlleva la consolidación en el deporte de elite,  tendrá que conseguir alcanzar esa “mínima” meta a través de un campo de trincheras. Sus condiciones futbolísticas no serán suficientes, tendrá que tener una cabeza especial. Porque, olvidadas en el trastero las etapas de formación, todos en su entorno querrán ir rápido, intentando alcanzar unas metas para nada diáfanas.

¿Cómo se le pide a un chico de 17 años que se meta en una burbuja? Porque de otro modo no le dejarán ser futbolista. Y sin eso no hay nada, aunque es muy posible que alguien haya sacado ya algún beneficio.

02
nov 2010
SECCIÓN Deportes
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