Kasabian: la eficacia del carnicero

KASABIAN

El recurso siempre agradecido de una banda a su público y del público a su banda. Ese momento que guardan las canciones de homenaje mutuo que se ofrecen, y que con el cierre de velada logra el abrazo coreando un grito de guerra, una mera onomatopeya que es un himno y que Kasabian utiliza como herramienta simple y eficaz.

L. S. F (Lost Souls Forever), es el tema que cierra muchas de sus actuaciones, y también la del Bar M, cuando ni siquiera el reloj marca las once de la noche.

En poco más de una hora, los sonidos ideados por Sergio Pizzorno (guitarra), que son el acompañamiento de una base musical que se puede escuchar de forma habitual a pocos metros del escenario, alcanzaron la fusión deseada. La electrónica se abrazó la noche del lunes 16 de julio al pop-rock más británico, en un encuentro único, asimilado y celebrado por los habituales al certamen.

De lo demás: las ganas de Meighan (voz). Tom se mueve con la timidez acusada de Liam Gallagher, y con los artificios de Jagger, que son su escudo. Él pone el gancho al que se agarraron las cerca de 500 personas que vibraron de calor en el local de San Antoni. Y sobre su registro, más parecido al del líder de Oasis, buen amigo del cuarteto de Leicester, que son quinteto con la incoporación de Jay Mehler en los directos.

Los agradecimientos al público de Meighan se sucedieron entre tema y tema. Cuando llegó el turno para Club foot, otra de las canciones a la que los presentes se agarraron con fuerza. Y otra vez ese estribillo que no dice nada, pero que tan bien le funciona a Kasabian.

Durante toda la velada intercalaron temas de su primer trabajo, pero el último, Empire, centró el grueso de un concierto en el que una docena de ellos, enganchó a muchos de los viandantes que junto a la entrada del local se agolpaban atraídos por el estruendo armónico.

Sus letras son un alegato contra la guerra y la canción que da nombre al últimos disco, es la más firme prueba de lo que quieren transmitir, otra aportación de la permanente crítica social que desprenden los alaridos de Meighan durante la actuación.

El mismo ritmo desde el principio, sin decaer, el paso firme de Ian Matthews a las baquetas, es la muestra de que todos tienen claro que el repertorio está cerrado, y que el tiempo es el que es. Y dentro queda, cómo no, Club foot, el para muchos tema insigne de una banda que ha contagiado a muchos y que colocada estratégicamente logra su objetivo. Fue antes de la despedida, de que sonara L.S.F. y de que todos lo asistentes, mayoría británica, todavía, volvieran a semejar cualquier grito con el que acompañan a la vez uno de esos éxitos de la música techno que sonará a buen seguro en el local al que se dirijan después. Además, Kasabian también se había dado el gusto, con esos aires de rock-pop habían subido las escaleras y lo demás ya estaba servido.

12
ago 2007
SECCIÓN Música
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