La invasión de los payasos

No es algo exactamente nuevo, pero parece que en los últimos años se ha producido una invasión de idiotas con poca educación en las salas de cine. Posiblemente ése sea uno de los motivos por los que cada vez voy menos. El otro día, para ver La joven del agua, no tuve más remedio que ir a una sesión que empezaba a las 22:45 y ya me imaginaba lo que eso significaba: aguantar a una panda de payasos.

A estos payasos de los cines se les reconoce fácilmente. Cuando entran a la sala entran ya gritando como si estuviesen en las fiestas del pueblo, asegurándose de que todo el mundo se entera de la cantidad de estupideces que salen de su boca. Generalmente van en grupitos y se sientan en las las últimas filas. Cuando se apagan las luces siguen rebuznando y si alguien les llama la atención, a veces incluso gente de su propio grupo, aducen que la película aún no ha empezado. El problema es que cuando ésta empieza siguen sin callarse. Para hacerse aún más los graciosos son ellos los que piden silencio. Total, que se pasan las dos horas riéndose, no se enteran absolutamente de nada y al salir se quejan de que la película era una mierda.

Sólo queda confiar en que algún día piensen que se pueden gastar los 5 euros del cine en un cubata y dejen tranquilos a los demás. Pero es complicado. A los cines no les interesa echar a gente así porque otro día no irán y al final lo que quieren es ganar dinero. Ni siquiera les llaman la atención. En los cientos de veces que he ido al cine sólo he visto que echasen a alguien de la sala en una ocasión y fue porque un par de subnormales empezaron a fumar maría en mitad de la película. Yo empecé a pedir siempre las entradas en un lateral de la sala, para estar un poco más alejado de los rebuznos. Pero ya he decidido que en la medida de lo posible evitaré ir a sesiones muy concurridas, aunque eso suponga tener que ir al cine un domingo a las cuatro de la tarde. De ese modo tendré que tragarme a los niños, que también molestan, pero nadie espera que un niño pequeño tenga conocimiento.

Siento el tono de este texto, pero es que no lo puedo evitar. Siento un enorme desprecio por la gente que no sabe comportarse en un sitio como corresponde. Estos mismos idiotas que van al cine y molestan a todo el mundo son los que entran a una biblioteca… no, espera, en qué estaría pensando… Repetimos: Estos mismos idiotas que van al cine y molestan a todo el mundo son los que entran a un bar o restaurante y se creen que están ellos solos. Imagino que todo se debe a una necesidad imperiosa de llamar la atención y de tocar las pelotas al personal que sólo quiere disfrutar de un rato de paz o de una película. Eso, y una educación deficiente o inexistente, algo que es fácilmente comprobable cuando acaba la película, se encienden las luces y les miras a la cara, enfrentándote al eslabón perdido de la evolución.

30
ago 2006
SECCIÓN Opinión
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