La mujer que se daba con las puertas

Hace poco ya comenté lo poco que me gustaba estar obligado a tener que leerme algún libro que no hubiese elegido yo. También dije que a veces uno se encontraba con sorpresas agradables que no esperaba. Este año ya llevo dos. El primero, del que ya hablé, fue El Señor de las Moscas. El segundo ha sido La mujer que se daba con las puertas (The Woman Who Walked into Doors, Roddy Doyle, 1997). Como el título ya hace suponer, se trata de una historia de malos tratos. Pero, como ocurre muy a menudo, lo novedoso de la novela no es lo que cuenta, sino cómo lo cuenta.
Y es que la historia la narra la propia protagonista, Paula Spencer, a través de pinceladas. La historia arranca cuando un agente de policía le dice a Paula que su marido, Charlo, ha muerto. Al principio no sabemos cómo y poco a poco se nos van dando pistas de lo que ha ocurrido. A partir de ahí Paula hace un repaso sobre su vida. Pero no lo hace por orden cronológico, sino que va dando saltos en el tiempo. Aunque podría parecer confuso, Roddy Doyle consigue componer un cuadro bastante completo de la vida de una mujer de clase media-baja en el Dublín actual. Paula nos habla de los recuerdos sobre su infancia, su familia, su colegio, su relación con su novio y después marido, su matrimonio, sus hijos y el infierno de los malos tratos, que la acaba llevando al alcoholismo. Todo eso se nos presenta como una espiral con una conclusión lógica, con un final al que no se puede escapar.

La novela es muy dura y no hace concesiones. Podríamos dividirla en dos partes muy bien diferenciadas. Al principio, cuando Paula habla de su infancia, su juventud y su noviazgo con Charlo el tono es más bien alegre, aunque hay determinados pasajes también muy duros. En esa primera parte la estructura es más o menos organizada pese a los flashbacks y flashforwards de la narración. Tras el matrimonio y en el momento en el que comienzan los malos tratos todo cambia. La estructura se pierde, hay repeticiones, digresiones, exclamaciones… además, el marco temporal de la novela se desvanece como si ya no importase el cuándo, como si la protagonista ni siquiera fuese consciente del paso del tiempo.

En esta segunda parte encontramos verdaderos gritos de ayuda de la protagonista que acusa a los médicos que la curaban de “no verla”. De no mirar más allá de su clase social o de su aliento que olía a alcohol. Su marido, que hasta ese momento ella nos había presentado como una persona con carisma, y con cierto encanto se convierte en un monstruo que la maltrata, la tortura y la viola. Un animal que juega con ella como un gato jugaría con un ratón, preguntándole después de haberle dado una paliza qué es lo que le había pasado. La respuesta de Paula siempre era la misma: “Me he dado con una puerta”.

Además, para mantener el interés, Doyle introduce un cierto suspense que va desvelando: ¿cómo murió Charlo? ¿por qué Paula tomó la decisión de echarle de casa un año antes? ¿qué esconde la hermana de Paula sobre sus padres? Una novela, en fin, muy recomendable. Una historia desgraciadamente muy común, contada de una forma excepcional, prestando una atención especial a la psicología de la protagonista, a su contexto social… y criticando la forma de educar del Estado, la completa pasividad de la gente ante los malos tratos…

Por si a alguien le interesa, en España el libro lo ha publicado Alfaguara (ISBN: 84-204-2948-1)

22
jun 2006
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