La nave de un millón de años – Poul Anderson

La nave de un millón de años, de Poul Anderson, es una de esas novelas que siempre se nombran cuando se habla de ciencia ficción. Una de la que llevaba ya algún tiempo en mi lista de lecturas pendientes. Ha estado algún tiempo en mi interminable lista de pendientes, pero, después de terminarla hace un par de días, debo decir que no es para tanto. Parte de un magnífico planteamiento que el autor sabe llevar muy bien durante los primeros cientos de páginas. Por desgracia, ese buen impulso inicial se va difuminando y acabamos con una historia irregular y desequilibrada.

La novela nos cuenta la vida de varios inmortales a través de los tiempos, desde miles de años antes de Cristo hasta un futuro lejano. Durante siglos vemos cómo una serie de personajes se ven obligados a viajar de acá para allá y cambiar constantemente de identidad, cómo son perseguidos, cómo ven envejecer y morir a sus sucesivas esposas e hijos o cómo esconden su eterna juventud.

Al mismo tiempo, algunos de esos inmortales buscan por todo el mundo a otras personas que compartan su condición. Personas que aparenten estar siempre en la flor de vida y que se curen de sus heridas con una velocidad fuera de lo normal. Personas con las que puedan compartir una vida en común sin ver cómo se marchitan. Toda esa parte del libro, que abarca unas tres cuartas partes o quizá más, tiene poco de ciencia ficción, pero personalmente creo que es la mejor. Anderson sabe transmitir muy bien las distintas personalidades de los personajes y es interesante ver cómo sufren y evolucionan, cómo la historia les hace ir cambiando y adaptarse al entorno.

La novela ofrece episodios alternativos en la vida de esos inmortales que corresponden a menudo a acontecimientos de cierta importancia histórica y hay algunos que son muy destacables, como una conversación entre Hanno (que vendría a ser el protagonista) con el Cardenal Richelieu, en la que le revela su don y se pone a su servicio.  Durante toda esa parte, saber si finalmente lograrán encontrarse con el resto es una de las cosas que obligan a seguir leyendo.

Por ello, no sorprende que sea precisamente cuando los inmortales finalmente consiguen reunirse cuando La nave de un millón de años empieza a hundirse. A ello contribuye también una elipsis de varios siglos que hace que nos perdamos cómo los protagonistas deciden hacer público su don y cómo la ciencia avanza hasta un punto en el que toda la humanidad accede a la inmortalidad (aunque con la desventaja de no poder reproducirse).

A partir de ahí llegan varios capítulos breves que nos muestran que los ocho personajes no encajan en la nueva sociedad, donde el hedonismo es el centro de todo y se ha perdido el espíritu de innovar, de crear cosas nuevas o alcanzar nuevas metas. Finalmente, deciden ofrecerse voluntarios y dejar la Tierra para buscar nuevas razas y un nuevo hogar. La convivencia de años en la nave y las relaciones entre los inmortales pasan entonces a ocupar el centro de la narración, pero para entonces la novela ya ha dejado de enganchar y todo lo que viene a continuación pierde interés.

Pese a esta crítica negativa, creo que La nave de un millón de años es una novela aceptablemente buena. Arranca bien y se desarrolla de forma interesante durante la mayor parte de su extensión, pero en un momento dado todo se tuerce y Anderson no fue capaz de solucionarlo.

Un comentario a La nave de un millón de años – Poul Anderson

  1. Kaworu says:

    Yo trague algo mejor el final, pero vamos totalmente de acuerdo con tu reseña.

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