Llovieron goles

Desde el amanecer, la lluvia no dejó de caer sobre Bogotá. Más bien, lleva seis meses sin hacerlo.

Viviendo bajo ese techo, Colombia se aprestaba el pasado sábado a debutar en el evento deportivo más importante organizado en su país hasta la fecha. Pero la atmósfera expectante ante la cita no acaba de disolver ese aire melancólico, hermano de la lluvia que, visto desde afuera, parece acompañar a ese pueblo que paradójicamente también es rico en la calidez y pasión de sus gentes.

Ese extraño contraste tiene un claro ejemplo en el que debía ser su techo futbolístico hasta la fecha y finalmente no fue. La selección de 1994, cargada de buenos augurios, terminó disolviéndose con dos derrotas en el Mundial de Estados Unidos y con los tiros que acabaron con la vida de Andrés Escobar. Un final desgarrador, como el del héroe que inevitablemente arrastra una condena de la que no puede escapar.

Aquello se quiere dejar atrás. Las nuevas generaciones no tienen interés en asumir ese papel y recuerdan esos retazos del pasado como parte de un todo que no dejaba avanzar al país. Hoy, de nuevo con el fútbol, como metáfora de su imagen social, la esperanza y la imaginación se abrazan para convertir este mundial juvenil en un escenario magnífico.

Los estadios, tras observar los partidos de todos los grupos, tienen el aspecto de un evento de la máxima magnitud. La atención y el seguimiento de los medios y el público distan mucho de lo que se ha visto hasta ahora en un torneo de estas características. Y si juega la selección de casa, el tiempo pasa muy despacio y, para contrarrestar la impaciencia, el Campín de Bogotá se llena unas cuantas horas antes.

Y llovieron goles

Seguía rociando sobre la capital y la organización temía por el estado del césped. Prudentemente, se decidió retrasar el comienzo de los dos partidos programados para esa tarde noche colombiana. La selección cafetera no disputaba un mundial absoluto desde Francia 98 y la expectación y ansias se palpaban, más si cabe, ante el retraso motivado por el mal tiempo. Al final, a punto de dar las nueve de la noche –casi las cuatro de la madrugada en Europa- las escuadras de Francia y Colombia comenzaron a desfilar linealmente por el verde.

Había tal ambiente de ebullición que conseguir los tres primeros puntos ya era una cuestión de estado, para una afición local que ha adoptado a esta Sub-20 como su absolutísima. Los nuevos hijos futbolísticos de Colombia (y de eso ya hablaremos) se aprestaban a cambiar la faz melodramática de su pueblo no sin cierto toque novelesco en el trámite.

Francia llega a este Mundial Sub-20 como actual Campeona de Europa de la categoría. Un grupo en el que destacan el realista Griezmann, Sunu y Kakuta, sin olvidar a algunos talentosos jugadores del  Olympique de Lyon que su técnico, tirando de conservadurismo, decidió mandar al banquillo. Un planteamiento que contrasta totalmente con el de Colombia, que salió decidida a ir a por el partido desde el inicio, ocupando muy bien todo el terreno de juego.

Empujados fervientemente desde la grada, no cejaron en su empeño, ni siquiera cuando Sunu adelantó a los galos. La respuesta fue puro fútbol cafetero y los cielos, en la oscuridad de la noche bogotana, se abrieron de golpe. James, el intrépido zurdo del Oporto, igualó de penalti y lo que se anunciaba se plasmó en el segundo tiempo.

Colombia ansió más esta victoria, aunque el gol de Muriel se concibiera en una acción fríamente planeada, digna herencia del mejor fútbol del país.

Los dirigidos por Eduardo Lara –discutido por dejar fuera de la lista definitiva a dos jóvenes talentos como Cardona y Manga- ahogaron con el clásico ritmo y toque colombiano a su rival, hasta el punto de hacerles cuatro, que pudieron ser más.

El (sin ninguna duda) hijo del Tren Valencia, la movilidad y conducción de Michael Ortega (aunque es ocasiones se exceda sin beneficio alguno) y las apariciones del lateral Arias son algunas figuras destacadas que estuvieron abanderadas por Muriel y James. Para muchos era sólo un partido Sub-20. Para Colombia supuso un suspiro de satisfacción tras una larga espera. Ahora está en la carrera.

La reválida

Esta noche vuelven a jugar (a las ocho de la tarde en Colombia, las tres de la madrugada en Europa). Lo harán frente a Mali que cayó frente a Corea del Sur en el primer partido. Una victoria de los de Lara les acercaría a asegurarse el primer puesto del grupo, y más si lo hacen con goles.

 

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