Lo que supone

Unas últimas palabras. En las mentes de los aficionados y jugadores del Athletic se aparecen, como reflejos de una realidad pasada, los ecos del discurso motivacional de su técnico. Unos, protagonistas directos, y otros, porque alguien les dijo que una fanfarria dialéctica erigió el último impulso hacia el terreno de juego, querrán colgarse de la luna y no bajar jamás.

El Atlético de Madrid dibuja con forma de tobogán los pasos de su transcurrir en nuestra mente, y eso es porque también son capaces de subir. El Athletic jamás ha ganado un título europeo. A día de hoy ya todo el mundo sabe que jugó una final contra la Juventus y que la perdió. Y que en ese mismo 1977 jugó la final de Copa y también cayó. Por eso, no será tan difícil decirles a esos chicos que hace unos años, otros chicos, que hoy ya no lo son, escucharon unas palabras semejantes. Que en la historia de esa camiseta son los segundos (casi como no ser nadie) que las van a escuchar en un momento así. Que una vez que salgan al campo, disfrutarán, sufrirán y padecerán todo aquello que hay entre dos sensaciones bipolares, como otros unos años atrás.

Entonces habrá un silencio, porque eso es lo que realmente va a ocurrir.

En lo proyectado, se prevén dos equipos intensos, uno con las líneas más avanzadas y el otro algo más paciente para poder circular el balón en los espacios que la efusividad bilbaína deje. Unos, si anotan, lo harán por unas ganas y fuerza motivacional inmensa. Los otros necesitarán ponerse a tono, pero su propia naturaleza mira la portería sin miedos. No sabemos si al final se tratará de lo que suponía esto para cada uno de ellos.

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