Más cerca de la realidad

Entre lo espeso del juego español y la presencia de los senegaleses, el experimento de Maspalomas (0-2) fue realmente poco lúcido para los intereses de la Olímpica. Ésta se vio realmente superada por un equipo que no le permitió crear su juego y que cuando encontró algún espacio tiró de piernas para evidenciar que las energías, a día de hoy, no están equilibradas entre dos conjuntos que participarán en la próxima cita de Londres.

El escenario tampoco era el mejor. Se evidenció un césped irregular que beneficiaba al que mejor supiera aprovechar las imprecisiones y para ello el que contara con más físico podía incidir una y otra vez en las intenciones del contrario. Además, la selección de Luis Milla estuvo lenta, incómoda y con pocas ideas. Incluso lo que aparentemente podía ser beneficioso, como un férreo doble pivote formado por Oriol y Koke, se convirtió en un obstáculo para el progreso del juego.

Ante esta dificultad para progresar con la pelota, Muniain apareció ininterrumpidamente entre los dos medios con la sana intención de construir, pero hoy se evidenció más que nunca que su tendencia a hacer de “Xavi” o “Iniesta” dista mucho de lo que la realidad tenía, en principio, prevista para él.

El jugador más talentoso del equipo, Isco, tuvo una noche aciaga y cuando no se le escapaba un control, su salida del regate era larga e imprecisa. Es difícil contabilizar un dribling preciso en el día de hoy favorable al equipo español. El malagueño apenas jugó 45 minutos.

A todo esto, el rival, la Selección de Senegal, a parte de por una gran presencia física, dio la sensación de tener las ideas muy claras, sin alardes técnicos, pero con algunos detalles interesantes en esta parcela. Sobre todo, a tener en cuenta el joven del Metz, Sadio Mané, siempre con la cabeza levantada y la mente fresca para darle salida al juego, y por si fuera poco, con capacidad de llegada.

Pero más que por el manejo del equipo africano, fue el equipo español el que por su inoperancia se fue labrando el camino de la derrota. El primer gol, en una falta clara de tensión de Botía en la marca, tras un córner, fue un dura evidencia. Con ese escenario, ya a poco del inicio, Senegal hizo su partido, juntó líneas atrás y la falta de brío español hizo el resto.

Sin duda, la velocidad es esencial en el juego y en ese punto España cayó derrotada por goleada: tanto en la anticipación como en el desmarque; ya fuera en la marca o en la presión. Sin contar que los jugadores de más talento se mostraron totalmente fuera de forma y desacertados. El caso más flagrante fue el de Iker Muniain. Es evidente que desde que hace más de un año debutara en la Selección Sub-21, el navarro se ha presentado en el equipo como un jugador más cerebral que vertical. Pero sus características primordiales, desde que se dio a conocer siendo un niño, no han sido esas. Su arma siempre fue el dribling y una gran capacidad de aguantar con el cuerpo las tarascadas de los rivales en esas situaciones.

Muniain, hasta que decenas de voces orientativas comenzaron a velar por su trayectoria, siempre tuvo entre ceja y ceja hacerse con el balón y buscar la opción más vertical. Sinceramente, él nunca fue un mero centrocampista dedicado a acciones transitorias, aunque necesite estar en contacto con la pelota y la busque hasta donde sus cortas piernas le den.

Muniain, en su estado más natural, siempre fue un jugador explosivo y vertical que se las arreglaba para girar airoso ante jugadores de mayor envergadura. A base de insistirle en que su juego se debía transmutar en algo más cerebral, estamos conociendo una versión menos concreta de aquel proyecto de jugador escurridizo. Por eso, el mejor resumen de su actuación es que estuvo aciago en las intervenciones más alejadas de su labor natural y nulo en las que devendrían de su genética.

De todos modos, quién sabe si le hubiese llegado algún balón en condiciones para encarar el vértice del área. Y por eso, otra de las situaciones irónicas del encuentro fue la entrada de Illarramendi, uno de los descartes de Milla y un jugador más dotado para dar una organización coherente al juego que Oriol y Koke, dos grandes mediocentros pero con menos pausa que el donostiarra.

Sin embargo, lo que faltaban hoy eran mediapuntas convincentes en cuanto al estado de forma. Con un Isco incomodísimo y un Ander corriendo durante todo el tiempo sin rumbo coherente, la tendencia del encuentro estaba clara, a no ser que los senegaleses registraran una descomposición total. Pero no fue así y la falta de tacto de España tampoco lo merecía.

El segundo tanto de Senegal tuvo para el anecdotario que si la pelota, en la jugada que se inició por la banda izquierda, llegó a salir por la línea de banda. No importó, y casi como medio aleccionador fue mejor que se pudiese observar como España escalonó mal la defensa y Mané, el jugador más talentoso de Senegal, y alguien al que seguir, definió libre de marca con una bonita tijera, aunque la pelota no perforó limpia la portería.

España tenía todavía toda la segunda mitad para maquillar una presentación al más puro estilo de equipo muy pesado y de pretemporada, pero no había energía y aún menos ideas para cambiar de marcha. Fue repitiéndose en sus defectos de los minutos anteriores e incluso perdiéndose en la frustración que provocó algún mal gesto a destiempo.

Ante esta situación, quizás lo mejor fue el situar al equipo en lugar más cercano a su realidad antes de la cita olímpica. Y por si acaso no se hubiese cerciorado de esto, el próximo miércoles, en el último amistoso, México, con otra nómina interesante de jugadores, puede dar el último aviso serio, aunque no decisivo, antes de una competición mucho más complicada de lo que la euforia desatada dice.

Es cierto que España es un candidato serio a medallas, pero no lo es menos que hay otros seis equipos que por plantilla tienen pretensiones no muy alejadas. Para poder aspirar a lo máximo, cada jugador tendrá que poner todos los sentidos y sus mejores, y más concretas, cualidades. De otro modo, la realidad de este último encuentro se volverá a repetir.

España: De Gea (Joel Robles), Montoya (Azpilicueta), Botia, Dominguez, Iñigo Martínez, Herrera (Illarramendi), Oriol Romeu (Rodrigo), Koke, Isco (Tello), Muniaín, Adrián.

Senegal: Mane, Seck, Yero, Toure Zargo, Moussa Konate, Cheikhou Kouyate, Sadio Mané (ba), Ibrahima Baldé (Guaye), Mouhamed Diamé, Idrissa Gana Gueye, Souare Papé.

Árbitros: Ruddy Buquet, Huseyin Ocak, Guillaume Debart, Carlos del Cerro Grande.

Tarjetas: Kouyate, min 3; Botía, min. 5; Domínguez, min. 41; Ba, min. 79;

Goles: Seck, 0-1 min. 14; Sadio Mané, 0-2, min. 46;

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