Pecado de admiración

Todavía se preguntan muchos alemanes lo sucedido el pasado miércoles tras las dos exhibiciones ante Inglaterra y Argentina. Una buena parte se quedaron con la sensación de no entender nada de este juego, porque, piensan, su equipo emuló a un torbellino contra dos equipos históricos, y se aniquiló expectante ante una novata a estos niveles de Mundial.

Puede ser demasiado simple, pero el máximo responsable, y él nos ha ayudado autoinculpándose, es el entrenador. Joachim Low, el responsable del aire renovador que respira el fútbol alemán es el mismo que seguramente advirtió vehementemente a sus pupilos del peligro de la posesión de balón de España, como si la final de la pasada Eurocopa no hubiera sido bastante.

España es el aire fresco del fútbol mundial en los últimos años, el balón como insignia y la búsqueda del marco contrario como objetivo. Pero a una buena parte de la masa que sigue este juego le acaba aburriendo el equipo dominador, y busca desesperada otra bocanada de aire fresco con la misma arma que, curiosamente, tiene España: la pelota.

Low, dice, lleva siguiendo el recorrido de España en los últimos dos años. No hay duda de que en algo se ha visto influenciado y, como buen producto de autor, su selección tiene automatismos muy trabajados que parten, menos en el caso de los jugadores de España, más de la pizarra que de la inspiración.

Por eso gran parte del mérito de esta nueva Alemania tiene mucho que ver con la influencia del técnico en sus jugadores. Si bien la profundidad de Özil y Müller es una opción innovadora, la obediencia de la plantilla hacia su técnico ha sido la causa fundamental de los éxitos de esta nueva hornada. Sin un líder al que seguir en el campo (Ballack), la juventud, ante tamaño acontecimiento, abrazó y se memorizó al dedillo las infinitas flechas que aparecían pintadas en la pizarra de Low. Éxito de la supervivencia.

Pero si Inglaterra y Argentina eran obstáculos, España era el fondo del ideario y llegaba demasiado pronto como para derribarlo.

Todos lo puntos de atención que tenían que seguir los germanos se multiplicaron con las caras de concentración que veían en los españoles cuya única imagen a alcanzar era la gloria. Y es seguro que ese es uno de los pasos que hay que dar en la vida, hasta que te encuentras antes del último escalón. España tuvo su día de admonición hace cuatro años en octavos de final, Alemania lo ha tenido en semifinales y es algo de lo que ya no se pueden quejar.

10
jul 2010
SECCIÓN Deportes
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