Pedro León y la evolución

Cuánto nos engañan las imágenes, y cuántas cosas nos hacen creer. La primera percepción que ofrece el jugador murciano Pedro León Sánchez Gil (Mula, 24/11/1986) cuando uno lo ve desenvolverse por la banda derecha es el parecido con un estilo que ya siempre ha quedado guardado en nuestra memoria: el de Míchel, su actual entrenador. Siempre solucionando los problemas ateniéndose a recursos técnicos.

Es gracioso escuchar, por eso, a algunos periodistas, que uno de los recursos que destacan del murciano es la velocidad. El centrocampista del Getafe no es un jugador pequeño (1,83), tampoco es un jugador demasiado elástico y no es rápido, a no ser que hablemos de su tobillo derecho. De todas maneras, y por mucho que nos recuerde a Míchel, la evolución que ha marcado al fútbol español también se ha dejado notar en el jugador formado en el Murcia. La frialdad que en su día se le podía achacar al jugador madrileño no es una culpa que ahora mismo se pueda hacer cargar a Pedro León, siempre participativo y buscando soluciones desde ambos perfiles. Lo demás, al igual que Míchel, lo pone la elegancia y un extraordinario pie derecho que manda combas teledirigidas. Dos rasgos que marcaron la trayectoria del entrenador del Getafe, para bien o para mal.

Vivimos en una época en la que el objetivo fundamental es crear opiniones generalizas. El toque rápido, el balón urgentemente al espacio y la velocidad: algo que parece que sólo el Barça puede crear desde sus categorías inferiores y que los demás ni siquiera pueden comprar. La única cantera que puede producir técnica efectiva es el Barça.

Pero hace tres décadas todo era muy diferente. El fútbol español no vivía los tiempos más gloriosos de su dilatada historia, y el Madrid, uno de sus estandartes, vivía confiando Luis Molowny (Santa Cruz de Tenerife, 12/5/1925 – Las Palmas de Gran Canaria 12/2/2010), la eterna solución después de que los proyectos tras la primera era post Bernabeu fueran esquivando la brillantez de antaño. El canario, cómo no, era artístico en la forma de entender el juego y en el trato con la gente de la casa. Y mientras el fútbol español seguía errando en la eterna búsqueda de una identidad, la cantera del Madrid, al igual que hoy la del Barça, escondía sorpresas brillantes que en aquel momento sí tenían un cicerone que les guiara. Eran jugadores plásticos, como lo fue Molowny, futbolistas que todo el mundo ya conoce y que ilusionaban.

Pero todo aquello se cortó, porque los años se echaron encima de una generación, y porque el fútbol español siguió perdiéndose en su enmarañada búsqueda de identidad. Se cortó, pero no se disipó del todo.

La casualidad ha querido que Míchel, en sus primeros pinitos como entrenador, se haya topado con un joven reflejo suyo. En una plantilla en la que también está su hijo, hay un jugador que parece que ha comido del mismo plato y en la misma mesa durante mucho tiempo. Es irónico ver como un gesto técnico muy familiar, unido a una actitud sobre el campo que antes no estaba, debería remover los cimientos de una institución. Los jugadores que clamaba la evolución de la cantera madridista nacieron en otro lado. Lo bueno, aunque uno no quiera, también se pega. ¿Cuánto nos engañan las imágenes?

14
feb 2010
SECCIÓN Deportes
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