Por ambición

Uruguay estará en la final del domingo, se felicitaban esta vez los apostantes que juegan sobre seguro. Y si no fuera por la capacidad extrema de sentir los partidos de los charrúas, diríamos que a Perú le sobran los títulos: el juego reflejaba un claro contraste entre la intensidad de unos y otros. Pero, como decimos, la realidad no fue esa.

Markarián ha provocado cosas positivas en sus jugadores y ha avanzado en su trabajo para las eliminatorias de cara al próximo Mundial, pero el equipo más competitivo de Sudamérica, ahora mismo, fue demasiado; el hambre y ambición de unos pudieron con las ilusiones de los otros.

¿Cuánto tiempo hacía que Perú no se veía en una de estas? ¿Y cuántos partidos como estos ha jugado Uruguay en los últimos doce meses?

Inevitablemente, el fútbol de Perú necesitaba una reactivación que puede estar adquiriendo forma. Pero lo de ayer fue un golpe de realidad. La intensidad en la presión y la velocidad para mover la pelota contrastaban entre unos y otros. Era demasiado visual la agresividad con la que un uruguayo era capaz de provocar el error y la pérdida del balón a un peruano, y la tímida presión sobre el rival y el esférico que hacían los andinos (salvo el caso extraordinario de Guerrero).

Un celeste de sangre como Markarián vería con claridad y enojo todo esto, pero no tiene más remedio que tirar para adelante. En definitiva, se enfrentaban al equipo más conjuntado del campeonato, un claro favorito al título que además ya ha aprovechado las aguas revueltas que se aprecian en las selecciones de Argentina y Brasil.

El partido que hicieron ayer contrastaba con el de la primera fase, también frente a Perú. Aquí  mismo destacamos la indolencia que se apreció en los uruguayos en su primer partido de esta Copa América, pero ayer no le dieron la espalda a una oportunidad histórica. Salieron al campo invitando al rival a salir a jugar, y cuando las líneas peruanas se abrieron, ahí les comenzaron a asestar un golpe mantenido a base de presión, movilidad y verticalidad, del que todavía se deben estar acordando.

Perú no supo igualar esa marcha. Por momentos estuvo desorienta ante el nivel competitivo de los charrúas y esas dudas acabaron de evidenciarse con la expulsión de una de las figuras blanquirrojas, Vargas.

Las escasas opciones de Perú pasaban por intentar ser verticales, colocar alguna pieza más dentro del área rival. Ahí Markarián no quiso cambiar el estilo, pero con diez, tal vez, debía de haber visto el partido de otra forma y la inferioridad era un buen motivo para dejar los principios de lado y buscar la heroica. El equipo, sin embargo, se obcecó en posesiones largas y sin claros objetivos que morían, la mayoría de las veces, a pies de algún jugador celeste. Así, hasta el final.

La experiencia ha sido clave en esta primera semifinal. Y, aunque hay una reactivación en selecciones clásicas del continente (Perú o Colombia), el trabajo avanzado ya viene dando resultados para unos. Al menos, la Bicolor ya ha iniciado un camino.

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