Por un poco de oxígeno

Las caras de Oriol y Domínguez eran un poema durante los últimos minutos del encuentro frente a Japón. La Selección Olímpica sucumbió por esa asfixia que primero afecta a las piernas y después al cerebro. La imagen más representativa de lo sucedido en Glasgow fue la que mostró el prometedor mediocentro del Chelsea, Oriol Romeu, que solo disputó la última media hora, pero que no pudo seguir el ritmo de los delanteros nipones que ya llevaban desde el inicio del partido dando guerra.

España pudo recibir algunos goles más en esos últimos minutos, y la impotencia de los defensores que dirige Milla dejaba esa sensación de súplica de una tregua ante la velocidad y la explosividad de los asiáticos. Y hoy España no solo mostró una condición física muy inferior a la de su rival, sino que tampoco tuvo la paciencia y la frialdad necesaria para salir airosa del choque.

Y tampoco sirve de mucho lamentarse demasiado, porque el rival de hoy era un candidato a  acicate de nuestra merma. Lo abusivo en su exceso de concentración para llevar a cabo los planteamientos de su técnico contrastaba demasiado con su ineficacia en los matices. Japón no enamoró al aficionado corriente, sí dio sensación de aguijón, pero su falta de concreción en las acciones con balón hace dudar de si están para cotas grandes. Si fuera por físico y velocidad de maniobra, irían de cabeza a por el metal.

España lo que se dio fue un topetazo con su realidad más directa. Algo que a los chicos que disputaron el Mundial Sub-20 de hace justo un año no debería de sorprenderles. La puesta a punto para Colombia, en unas fechas como las de ahora, fue dura y el equipo, finalmente, acabó dando una buena medida, sin esa frescura, aunque Brasil solo pudo eliminarlo en los penaltis.

Frente a Japón, España apenas creó acciones de peligro. Tan solo en alguna subida de los laterales se dio cierta sensación de sorpresa, aunque, cuando el balón era centrado por estos, un regimiento de nipones siempre custodiaba el área. Esa falta de punch no tardó en extenderse hasta la mente de nuestros chicos, que casi siempre equivocaban la opción a la hora de realizar un pase en campo contrario. Sus rostros parecían implorar por un poco de oxígeno.

Cualquier balón al espacio era una carrera inútil de nuestros delanteros, que veían  una y otra vez perdidos esos duelos. Y lo curioso es que el partido lo perdió la olímpica sobre todo por sus carencias en lo futbolístico, aunque un detalle fue el que varió el marcador. La creatividad y el dinamismo brillaban por su ausencia y un error de concentración en las marcas propició el único gol del partido a la salida de un córner. Fue Montoya el que no pudo anticiparse al reactor con el que arrancó Otsu.

Digamos que Japón ganó por mucho en concentración y la ausencia de algo habitual en los españoles, como es la presencia en lo técnico, decantó la contienda. La victoria nipona fue de justicia, pero en lo futbolístico hubo empate técnico, algo que para los nuestros suele ser ya una derrota.

Y toca pensar en el siguiente partido. En cuanto a lo físico, España no va a evolucionar mucho en las próximas dos semanas. Es de esperar que las sensaciones con el balón sí sean otras, y que algo de frescura mental le dé otra cara al equipo. No son tan malas noticias si se entiende que competición es igual a sufrimiento.

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