Primer monumento a la Liga

No sabemos cuál fue el día en que a Pepe Mel se le cayó el último pelo. El día en que se dio cuenta de que en esto, si se hacen las cosas como uno realmente cree, no hay tanto que perder.

Estamos ante el Betis con menos pretensiones originadas desde fuera del terreno de juego de los últimos tiempos, que acaba de ascender y que es líder de la Liga con tres victorias junto al Valencia. Hoy da igual que sólo se lleven tres partidos disputados.

Desde dentro del campo, y después de arrebatarle a Bielsa lo que más desea (el balón) durante buena parte del encuentro, el equipo transmite exigencia consigo mismo, ambición y confianza por un estilo de juego que asoma desde la propia naturaleza de sus jugadores humildemente reclutados. Podemos medir la distancia y las diferencias como queramos, pero hoy se enfrentaban un equipo que pretende, desde hace dos meses, una idea ambiciosa a partir del balón frente a otro que le lleva más de un año de ventaja con una similar sana intención.

En sus canas

Los genes de la familia Sevilla confabularon para que Salva disfrutara de una cabellera duradera que moldear a su gusto. Pero a poco de sobrepasar la veintena asomaron las canas como precio que tendría que pagar. Y van mal encaminados los rivales si piensan que ese color gris equivale a mucho peso en sus piernas. No lo estarán tanto los que piensen que ese rasgo de aparente madurez sea indicativo de que estamos delante de una de las cabezas pensantes del equipo.

Cuando el partido se abrió en canal, cuando el Athletic entró en ese estado de ebullición que no acabará hasta que el árbitro pite, Salva Sevilla supo siempre hacia qué costado avanzar o abrir el esférico y ganar el espacio y tiempo convenientes. El Betis quiere la pelota, respira con la pelota y detrás del almeriense hay otros dos escuderos (Beñat e Iriney) que saben que con un toque de interior la pelota corre más y que si están juntos podrán hacerle el campo más grande al rival.

Hoy podría haber sido el día en que el Betis certificará todas las buenas sensaciones que dejó su paso por la división de plata, pero estaba en San Mamés, que exige proeza, y el sufrimiento final no fue baldío, se vivió el primer monumento a esta Liga.

En un campeonato que denuncian como pervertido o que aclaman como el mejor, el fútbol se abrió paso sin disimular sólo ante las buenas sospechas de algunos aficionados. El Athletic venía de demostrar las primeras evidencias de lo que pretende Bielsa y el Betis con su manual releído. Y el balón fue para el que lleva el trabajo adelantado.

Los andaluces han trabajado a conciencia en los últimos meses bajo la penetrante sombra de la inestabilidad institucional y las limitaciones económicas. En un entorno tan reduccionista como es el del fútbol, esos condicionantes se trasladarían al terreno de juego en forma de agresividad, austeridad y actitudes rudimentarias. Mel debió llegar un día cualquiera a las oficinas del Betis, lo vio todo patas arriba, como una metáfora fácil de las organizaciones balompédicas en España, se rascó atinadamente la cabeza y se dijo a sí mismo que ya había recorrido mucho camino y que tocaba hacer las cosas como realmente ya sabía.

Captó a muchos jugadores con buen bagaje en la Segunda División que, si nos dejamos de prejuicios, deberíamos saber a ciencia cierta que tienen calidad -sólo se sorprenderá con ellos el que lo haya querido-. Trató de ordenarlos a partir de la pelota, esa intención que aflora libremente no desde hace tanto, y paulatinamente ha ido añadiendo nuevos conceptos y jugadores, bastantes promocionados desde la cantera. Sin duda, el Betis es la muestra evidente de que las teorías del decrecimiento no tienen mal fondo ni forma.

El Athletic con más exigencias

Pero sin paciencia y espacio para la elaboración no hay receta milagrosa. El Athletic, tras las elecciones, busca una vuelta de tuerca a la mejoría ya observada en los últimos años. No va a ser fácil. Este año participan en competiciones europeas y mantener la concentración con tan pocos días de descanso va a ser otra dura prueba para un grupo bastante joven.

Al frente está un entrenador de entrenadores que no va a dejar indiferente a ninguno de los jugadores que está teniendo a su cargo en Bilbao. Que ayer vio como a sus chicos les enseñaban el camino de la forma más cruel: el rival y probándolo en sus propias carnes. Pero el fútbol de Bielsa tiene como premisa insistir en el método prediseñado, que es rico y complejo, y el Athletic en San Mamés no regala nunca la plaza.

Podía preverse un final como el que se ha dado, pero también la entrega máxima y la competencia con dos estilos que van de frente y con un gusto por sus formas. Si el jueves Muniain probaba las mieles de su actuación en Europa, ayer, con el pitido final, el torbellino de la Chantrea caía desplomado de cansancio, sabiendo que sus habituales conducciones no habían sido tan esbeltas. Enseguida alzó la vista hacia el banquillo. Para él sólo fue una dura prueba antes de las que les esperan mañana. No hay tiempo para agarrarse de los pelos.

 

 

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